El viernes por la tarde-noche se celebró en Valencia una velada de sensibilización por la situación de los refugiados sirios. Una memorable iniciativa impulsada por el grupo Dalit del MJD de Valencia a la que se sumaron el grupo de Endavant, el Real Convento de Predicadores de Valencia y el Secretariado Diocesano de Inmigrantes y Refugiados del Arzobispado.

Tal y como expusieron Marita (en representación del MJD) y Olbier (en representación del Arzobispado) al principio de la misma, la idea principal giraba en torno a la concienciación sobre las complicadas circunstancias que estaban experimentando los refugiados e invitaba a que los asistentes se solidarizaran con ellos. Se trataba sencillamente  de crear un ambiente donde empatizar con ellos, de “abrirles la puerta” y ayudar en lo que fuera posible.

El escenario que se eligió para ello fue la Basílica de Cirilo Amorós por cuyo altar, convenientemente ambientado, fueron desfilando testimonios que de una manera u otra habían vivido en primera persona la crudeza de sentirse ajeno en un país a causa de una guerra civil. Así pues, en primer lugar se contó con la participación de Luis Carmona, un periodista que compartió su experiencia a pie de un campo de refugiados y que trató de explicar el origen de los problemas de movilidad y las largas y peligrosas rutas organizadas por mafias que debían de realizar los refugiados hasta llegar a países como el nuestro.

El momento más emotivo de la jornada se vivió cuando dos jóvenes de origen palestino y sirio y actualmente residentes en Valencia, Gabi y Joseph, transmitieron las dificultades a las cuales se habían enfrentado y que habían padecido como refugiados. Por encima de todo destacaron, y es lo que personalmente más me impactó, que lo que más trabajo les costó asimilar fue el hecho de verse obligados a abandonar una vida cómoda en sus respectivos países de origen y tener que trasladarse por un complejo camino hasta poder llegar a Valencia, todo ello unido al handicap de un lenguaje desconocido.

Después de estos testimonios, para cerrar la velada y continuando con un clima de oración y reflexión, se leyó la Parábola del Buen Samaritano y un cuento que invitaba a la empatía y a la solidaridad con el prójimo. Los textos, junto con una canción final, concluía esta primera parte en la que destacó un ambiente recogido y de respeto durante todo el tiempo.

La segunda parte constó de una cena solidaria enfocada a la recaudación de fondos para ayudar a familias de refugiados con los alquileres de viviendas y becas de estudio. Gracias a colaboradores habituales como el horno Casaní y a otros nuevos que se suman a estos proyectos solidarios, como San Miguel o Belros, tuvimos un agradable tiempo para compartir y comentar qué habíamos vivido instantes anteriores en la Basílica.

El resultado de la cena fue exitoso: se llegaron a reunir más de 3.800 euros que irán destinados íntegramente a Cáritas Diocesana para que continúe con su labor de apoyo a estas personas que tanto lo necesitan.

Desde aquí queremos agradecer a todos los participantes que os acercasteis el viernes y a los que contribuyeron de una forma u otra a que todo saliera perfecto. Me consta que se realizó un gran trabajo y esfuerzo en la preparación y creo que debemos de estar orgullosos de contribuir a, como decía la canción de la clausura de la velada, no quedarnos indiferentes frente a las injusticias.

 

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