Como cristiano, me veo en la necesidad de defender que ser pro-vida es esencial. Al fin y al cabo, es un regalo que nos han hecho y va pasando poco a poco y que o lo aprovechamos o no hay vuelta atrás, como el agua de los ríos nunca fluye hacia el nacimiento.

Estaría muy bien que estemos en contra de cualquier guerra y de los beneficios que genera a la industria armamentística. En un conflicto armado mueren millones y nunca se soluciona nada que no sea enriquecer a unos pocos a costa de unos muchos.

Otra manera de defender la vida es luchar por volver a una Sanidad Universal, derecho que se perdió en España el 1 de septiembre de 2012 y que no se ha podido recuperar a pesar del esfuerzo de varias comunidades autónomas.

Ya puestos, podíamos acordarnos de los inmigrantes muertos en las fronteras de Ceuta y Melilla, como aquellos que el 6 de febrero de 2014 recibieron los disparos asesinos de unas fuerzas de seguridad mientras trataban de abrirse paso a nado hasta la playa. En esa misma línea, ser pro-vida es también #defenderaquiendefiende, cuando una dictadura (la marroquí) en connivencia con una democracia (la española) quiere encarcelar a Helena Maleno, que con sus llamadas ha salvado cientos (si no miles) de vidas de nuestros hermanos que llaman ‘ilegales’.

Defender la vida es también luchar contra la precariedad laboral encarnada en las nuevas empresas de supuesta economía colaborativa que encubren maneras de explotación. Marcas que pueden parecernos muy ‘cool’ pero que crecen a base de empobrecer a sus autónomos trabajadores.

Por cierto, parece ser que ya nos hemos olvidado de los refugiados de la guerra de Siria o de los subsaharianos que son vendidos como esclavos, ¡COMO ESCLAVOS!, en Libia. O en el pueblo Rohynga que está sufriendo en estos momentos un genocidio a manos del estado de Myanmar; de estos es imposible olvidarse porque aún no han salido en ninguna portada. Acordarnos de todos ellos y de visibilizarlos, que ya es hora, también es defender la vida.

Y sí, ser pro-vida también es estar en contra el aborto aunque sea una postura muy difícil de defender en nuestra sociedad, más aún cuando hay que hacerlo desde el máximo respeto y sin juzgar. Lo que no consigo entender es que haya que defender ‘o todo lo anterior’ o esto último, como parece ser en nuestra sociedad (España, año 2018). Parece como si nos preocupáramos más de quién dice qué, que de qué dice quién.

 

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