El pasado martes 17 de enero empezó en Roma el Congreso Internacional por la Misión de la Orden, terminando el sábado 21 de enero con la eucaristía presidida por el Papa Francisco, como colofón final de la celebración del octavo centenario de la Orden de Predicadores.

Fue una semana llena de testimonios de vida, donde destaca el de la hermana Luma que nos recuerda que “la violencia no tiene la última palabra”. El trabajo que realizan nuestras hermanas con los cristianos en los campos de refugiados en Irak hace que cada vez nos sintamos más orgullosos de pertenecer a la familia dominicana. Fueron, además, unas jornadas de trabajo intensas donde se tuvo la oportunidad de reflexionar como familia dominicana sobre las claves de la predicación: qué estamos haciendo y hacia dónde se quiere ir como Orden.

El último día del congreso el Maestro de la Orden presentó tres convicciones para el estilo de vida de predicación: en primer lugar hay que realizar una predicación donde se utilice el lenguaje de los gestos, el de la defensa de la justicia, el lenguaje del arte que nos conduce como individuos al descubrimiento de la belleza y la verdad. En segundo lugar, destacó la importancia de la fraternidad, ya que gracias a ella somos testigos de la relación de Dios con la humanidad, y, en tercer y último lugar, puso énfasis en la importancia de salir al encuentro del otro, pero para ello debemos ser personas coherentes y auténticas ya que esto nos proporcionará credibilidad como predicadores de la palabra. Estas tres convicciones nos deben ayudar a salir de nuestra zona de confort y así poder encontrarnos con los que sufren, y poder ponernos en camino hacia la felicidad.

Para terminar, el Maestro presentó las ideas principales que se extraen de las conclusiones de los talleres, destacando las siguientes ideas: la teología es fundamental para la predicación;  vivimos en un mundo donde nuestra vocación y predicación deben estar en continua evolución; debemos aportar nuestro granito de arena para ayudar a construir la comunidad de la Iglesia; por último, las líneas de actuación para el futuro son “los jóvenes, el mundo digital, la emigración y el estudio”.

A nivel personal, poder participar en el Congreso ha sido una de las experiencias más intensas que he vivido como miembro del MJD. Poder compartir en y como familia las inquietudes y retos que se nos presentan como predicadores en el siglo XXI  hace que valore mejor las enseñanzas y estilo de vida de nuestro Padre Domingo.

Para terminar, solo nos queda felicitarnos como Orden ya que 800 años después seguimos teniendo algo que decir al mundo en el que vivimos.

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