En 1997, unos cuantos jóvenes se juntaban en Granada en la segunda quincena del mes de julio, en una casa de las Hermanas Dominicas de la Congregación de Santo Domingo, llamada “Siena” -haciendo alusión a la ciudad italiana donde nació la santa dominica Catalina. Así nació el primer Campo de Trabajo: dos semanas dedicadas al voluntariado, la oración, la comunidad y el crecimiento en el carisma dominicano. 

Este verano, el Campo de Trabajo cumple 22 años y vamos a abrir el baúl de los recuerdos: tendremos diferentes testimonios de todos estos años divididos en cuatro bloques que nos recordarán los primeros pasos del MJD en Granada, anécdotas y experiencias. En esta ocasión, el sevillano Antonio Luis Ferreira Siles, es el encargado de los primeros años del Campo de Trabajo del MJD (1997-2002).

«Agradezco al MJD que me hayan pedido unas palabras sobre los primeros años del Campo de Trabajo de Granada. Lo allí vivido supone para mí algunos de los momentos que con más cariño recuerdo de mi biografía.

A mi juicio, el principal éxito del campo de trabajo consistió en la incorporación de los laicos en su organización, de tal manera que fue desde siempre un proyecto en el que se respiraba horizontalidad. Todos sabíamos que aquello era de todos. Y por eso lo cuidábamos con sumo esmero.

Una de las anécdotas que no olvidaré de la primera edición fue la participación de todos en la manifestación contra ETA por la muerte de Miguel Ángel Blanco. Del mismo modo, íbamos a una en nuestro compromiso con los que más sufrían en Granada, así como en el tiempo que a diario dedicábamos a la formación.

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Los primeros tiempos estuvieron cargados de ilusión y emoción. Cada año estábamos, literalmente, deseando que llegara julio para aterrizar en la ciudad de la Alhambra, y vivíamos con verdadero empeño que se incorporan nuevos miembros para que experimentaban lo mismo que nosotros. Allí nacieron los hermanitos, un término con el que nos definíamos a nosotros mismo y del que nos sentíamos orgullosos. Desde el principio nos supimos bendecidos por Dios, que nos regalaba mucho más de lo que nosotros alcanzábamos a dar.

Cuando uno siente que algo lo trasciende, que viene de arriba; cuando uno sabe que aquello es un granito más en la construcción del Reino, entonces uno lo cuida y lo mima. Quizá por ello, después de 20 años, el Campo de trabajo siga con tanto vigor. Somos enviados a predicar la PALABRA y eso es lo que se hacía y se sigue haciendo cada mes de julio en Granada.»