“Pippip-pippip…” (sonido del despertador). María se levanta, se asea un poco, desayuna lo primero que encuentra, rápido que los minutos están contados, se cepilla los dientes, se da un toque de maquillaje, unas cuantas pasadas de cepillo y… ¡a la calle! ¡Corre, corre! Delante de sus narices ha perdido el autobús. Otro día más que empieza con el pie izquierdo “¿Nunca podrán parar los conductores de autobuses? ¿Ni que les fuera la vida en ello? Ahora voy a ir estresada todo el día” piensa María. Quince minutos más tarde de lo normal, María, llega al trabajo, justo cuando suena la campana para llevar a los niños a clase. “Seño, Pepe se ha colado”, “Seño, Sandra no para de llorar porque dice que le he pegado”, “Seño, yo no quiero venir al cole”, “Seño…”, “Seño, Seño, Seño…” Son las únicas palabras que oye María ese día en su trabajo y piensa: “¡Que callen ya! Mientras va transcurriendo el día más de los mismo: riñas entre compañeros, niños que no atienden en clase, profesoras quejándose, chillidos… Menos mal que ya son las 17:00 y se puede ir a casa. Una vez allí, cascos en la cabeza, así nadie le molesta, un poco en el ordenador, luego a corregir cosas de los niños y a esperar que llegue la noche. Cena, se lava los dientes, un poco de “whatsap” y a dormir. Mañana será otro día.

“Dale agua al que tiene sed, dale al hambriento de comer…” (sonido del despertador). María se levanta, reza y le pide a Dios que le ayude ese día y que pueda cumplir su voluntad, se asea un poco, sonríe al espejo, desayuna tomándose su tiempo, es la comida más importante, se cepilla los dientes, se da un toque de maquillaje, unas cuantas pasadas de cepillo y… ¡a la calle! ¡Corre, corre! Delante de sus narices ha perdido el autobús. Otro día a esperarse en la parada. “Bueno así tomo un poco el sol y me da el aire. ¿Por qué nunca pararán los conductores? Su razón tendrán ¿no?” piensa María. Quince minutos más tarde de lo normal, María, llega al trabajo, justo cuando suena la campana para llevar a los niños a clase. “Buenos días Seño”, “¡Qué guapa estas Seño!”,  “Seño, Pepe se ha colado”, “Seño ¿quieres que te cuente lo que hice ayer?”, “Seño, Seño, Seño…” Son las palabras que oye María ese día en su trabajo y piensa: ¡qué precioso y gratificante es trabajar con niños! Si es que sacan lo mejor de uno, siempre tienen una sonrisa para ti. Mientras va transcurriendo el día se le presentan algunas disputas con sus alumnos, situación que aprovecha para enseñarles a resolver problemas y conflictos en la vida. De repente, se le hacen las 17:00, toca irse a casa. Después de hablar con algunas madres, llega a casa y cuenta como le ha ido el día mientras merienda con su familia. Corrige unas cuantas cosas, cena y a hablar un poquito por el “whatsap.” ¡Uy! Se le han hecho las tantas hablando con unos y con otros y mañana hay que levantarse pronto. “Bueno no pasa nada, el tiempo que he empleado hablando con la gente son minutos ganados” piensa María. Se va a dormir, desea buenas noches y dulces sueños, le da gracias a Dios por el día que ha tenido y piensa: “mañana empezará un nuevo día”.

Bueno, lector, ¿qué día prefieres tú? Yo me quedo con el segundo. ¡Qué estupendos son aquellos días que empezamos y acabamos con una sonrisa! Aquellos que compartimos con los demás lo que sentimos. Aquellos en los que miramos al otro como nuestro hermano, no como nuestro enemigo. Aquellos en los que estamos deseando encontrarnos con alguien y tomarnos unas “cañas” con él.  Aquellos en los que pensamos: hoy es el mejor día de mi vida. En definitiva, aquellos en los que ponemos por delante el Amor. Decide… ¿Cuál eliges?

Y por último, ¡qué fantástico sería!  empezar el día con una canción parecida a una que escuché hace medio año del “Tercer Cielo”: “Dar es algo más que extender la mano y algo regalar. Es más especial  cuando lo haces sin nada a cambio esperar. Cuando viene desde el alma. Cuando lo haces desde allá, en el corazón. Dale agua al que tiene sed. Dale al hambriento de comer. Comparte lo que hay dentro en ti, la alegría de vivir. Dale una sonrisa a quien la necesita. Dale de tu fe al alma herida. Comparte lo que Dios te dio. Tú puedes darle a alguien hoy  un día mejor.”

<strong>María Ballester</strong>
María BallesterEndavant