“El cristiano del siglo XXI será místico…o no será cristiano”. Así decía un famoso teólogo a mediados del siglo XX, pensando qué clave sería la central para los creyentes de un mundo que, ya vislumbrado en ese tiempo, se preveía descristianizado, tecnificado, utilitarista, y materialista…

CLAVES ERRONEAS

El cristianismo no es principalmente una ética. No es una filosofía. Demasiadas veces hemos enfocado la vida del cristiano, como el que vive “haciendo” cosas, implicado en la justicia, luchando por la dignidad y la libertad de otros, contra la pobreza o el sufrimiento; al mensaje del evangelio como una suerte de “recetas” sobre cómo vivir, cómo desenvolvernos en esto llamado “mundo”, y cómo tratar de vivir mejor, más plenamente, uno mismo y los otros, como unas claves prácticas para alcanzar la felicidad…Y aunque algo de eso hay –algo de claves para alcanzar plenitud, para ser quien uno es en verdad, quien está llamado a ser…- no es ahí donde está el centro de la Fe.

SER ANTES QUE HACER

Ser cristiano no es un “hacer”, más bien, es una manera de ser y de estar, unamanera de mirar, de sentir, de escuchar, de estar… Obviamente eso implica una manera de hacer cosas, pero en clásico principio aristotélico, el “hacer” viene después del “ser”.  Eso quiere decir, que estamos llamados a HACER, a actuar de una determinada manera, a implicarnos en ciertas luchas, a tratar de vivir conforme a unos valores concretos –nadie piense que estoy diciendo que no hay que hacer esas cosas…-, porque SOMOS de una determinada manera, porque hay algo que justifica esa forma determinada de hacer las cosas, algo que las sustenta, que hace que tenga sentido tratar de vivir de una determinada manera y no de otra.

EL CENTRO Y EL SENTIDO

Y es que el cristiano es el que ha descubierto la figura de Cristo.La ética del amor, la conducta del amor, sólo tiene sentido si hemos experimentado el amor, si hemos integrado una experiencia del Dios de Jesús de Nazaret, que es el Dios del amor, si realmente hemos vivido, experimentado, sentido, comprendido, integrado, al mismo Dios, que es el que da sentido a todo lo demás… ¿Dónde justificar si no el vivir de una manera y no de otra? ¿dónde fundamentar la bondad, la generosidad, la entrega, el amor, y por qué vivir así y no en el egoísmo, en la búsqueda de la diversión, del dinero, o de cualquier otra cosa? ¿qué da sentido, cuál es el centro profundo de mi vida, de la vida, de la existencia? No puede ser en un mero sentirse bien, porque las sensaciones y sentimientos pasan…

JESUS DE NAZARET, EL CRISTO

Por eso, no es exagerado decir que el cristiano es ante todo el que busca a Cristo, el que le sigue, el que trata de aprehenderle y de aprenderle, el que busca experimentarle, sentirle, llenarse de Él, transformarse, configurarse a Él, el que busca respuestas a las preguntas de la vida, no sólo en un activismo práctico, sino, ante todo, en un encuentro, en una persona… el que ha intuido y atisbado que en Jesús hay mucho más que unas enseñanzas sobre normas morales o prácticas, que en Él hay una “densidad” que habla de Dios, del autor y el señor del tiempo y la vida, del Padre de Amor que sostiene todo lo creado buscando el bien de todas las creaturas.

LO QUE SOMOS

Y ahí es donde entra el sentido de la frase con la que comenzamos. “El cristiano del siglo XXI será místico…o no será cristiano”. No es el implicarnos en según qué causas, o el vivir según qué valores lo que nos hace cristianos. Muchos otros hermanos nuestros no creyentes viven y se implican con valores extraordinarios que podemos compartir. No es ahí donde está el centro de lo que somos, porque lo que nos hace ser quien somos es la experiencia misma de Jesús de Nazaret como Hijo de Dios, como Palabra del Padre para la historia, como Oferta de Salvación y Plenitud, como Prueba de Liberación

ORACIÓN Y MÍSTICA

Por eso es necesario buscar esa experiencia, una experiencia que se encuentra especialmente en el hecho mismo de la oración, por eso hay que buscar la experiencia mística del encuentro con Dios. Y no cualquier cosa es orar… orar es tratar de captar a Dios, de encontrarle, de experimentarle. No es un mero serenarse, ni un mero reflexionar, ni un mero emocionarse… Orar es profundizar en la identidad última de Jesús, es buscar el rostro de Dios. Un cristiano no sólo no puede renunciar a la oración, sino que debería tenerla como el centro de su propio camino de fe, no sólo no debería huir de la mística, sino que debería perseguirla con el mayor de los deseos…

CONTEMPLACION DOMINICANA

En nuestra clave dominicana es claro que el centro de nuestra identidad, de la predicación, de la comunidad, del estudio, nace de la contemplación, de la búsqueda y la mirada del mundo y de todo lo que nos rodea tratando de encontrar a Dios en ello. La contemplación es la que nutre a la predicación, es la que complementa el estudio, es la que sostiene la comunidad, es la que fortalece la búsqueda de la verdad, es la que prepara a la compasión, es la que dota de sentido a la pobreza…

HOY, AQUÍ, AHORA

Y en pleno siglo XXI, toca preguntarnos por éso. ¿qué espacio tiene la oración en mi vida? Y no sólo en clave práctica de tiempo, sino más profundamente, ¿cómo valoro la mística y la oración en mi vida? ¿qué sentido tiene buscar el rostro de Dios para mí? ¿dónde está el centro de la Fe para mí? ¿en el hacer o en el ser? ¿en el vivir conforme a una ética o unos valores, o en perseguir el rostro, la identidad y la persona del Dios de Jesús de Nazaret?

 

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