Os voy a contar un poco mi historia personal de cómo, poco a poco, he ido descubriendo la grandeza de la Fe, y cómo el MJD me ha ayudado a conseguirlo.

Yo procedo de una familia donde la Fe es algo vital día a día. Mis padres han basado desde siempre la educación de sus hijos en lo que se fundamenta su matrimonio: los valores cristianos. Supongo que en estos momentos todos estaréis pensando que los vuestros también son así, pero ya os digo que, este tema, en los míos, es bastante intenso. Y pese a eso, pese a ir a misa todos los domingos desde que era pequeño; pese a decir que era creyente y que quería serlo de mayor, uno no sabe verdaderamente lo que se siente hasta que lo experimenta por sí mismo.

La primera vez que sentí algo especial, fue en una oración de catequesis de confirmación en la pastoral del Colegio Dominicos de Valencia. Allí descubrí lo bien que se siente uno al compartir con los demás algo tan personal como un perdón, un gracias o un abrazo con alguien con el que no tienes tanta confianza. Desde ese momento, muchas más experiencias hicieron que siguiera sintiendo, ¡¡y de qué manera, a Dios!! Sintiéndolo en la amistad, en el amor, en la confianza, en cosas tan habituales que parece mentira que viviéndolo a partir de la Fe, gane tantísimo.

La catequesis se acababa y había una pregunta que me preocupaba más de lo normal: una vez confirmado, ¿dónde continua esto?

Y allí fue donde entró con fuerza el MJD en mí. Catequistas con los que había compartido muchísimo, gente que conocía y que era importante para mí, pertenecía a ese movimiento.

Yo no tenía ni la más remota idea de qué se trataba. Muchos me habían dicho lo bueno que era y lo mucho que podía llegar a aportar. Así que en una Pascua se me presentó la oportunidad de ir y, pese al miedo que tenía de no saber muy bien a dónde iba ni lo que me iba a encontrar, lo hice.

Fue la primera vez que veía a un fraile joven predicar; un fraile que, para mi asombro, era un persona normal, una persona como yo, como el que estaba a mi lado. Alguien que simplemente había decidido dedicar su vida a Dios. Además de eso, descubrí a gente que me acogía con los brazos abiertos, que quería verme participar y abrirme a ellos, gente que como yo ahora. Sabía que si lo probaba, no querría dejar de vivir cosas parecidas.

Así que esto es lo que me he decidido a contaros, solo para que supierais lo importante que ha sido para mí entrar dentro del MJD pues, a día de hoy y después de 5 años, es mi alimento para seguir creciendo, para seguir madurando, para seguir viviendo el camino de la Fe. Me despido de vosotros con el título: hasta que no lo vives, no sabes lo que se siente!!!!!

<strong>Guillermo Prado</strong>
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