El pasado fin de semana me encontraba realizando uno de los módulos de la DECA, es decir, el curso para poder obtener el título de Profesora de Religión. Estábamos hablando sobre las parábolas y cómo podíamos tratarlas con niños y niñas de educación infantil y primaria, cuando el profesor decidió ponernos un vídeo que me llamó mucho la atención.

El corto trataba sobre una anciana que día tras día se montaba en un autobús y tiraba semillas por la ventana. Uno de los pasajeros, al verla cada día haciendo lo mismo, decidió preguntarle por qué lo hacía, a lo que la anciana le respondió que le gustaría ver flores en sus viajes en el bus. El hombre, sorprendido, le dijo que la mayoría de sus semillas se caían en la carretera y que otras serían comidas por los pájaros. Sin embargo, la anciana tenía esperanza de que algunas germinasen, pero el señor seguía diciéndole que era muy complicado que eso sucediera porque además, para que las flores crecieran necesitarían agua. La anciana tenía claro que ella hacía lo que podía, y eso mismo es lo que seguiría haciendo. Unos meses después, aquel hombre se sorprendió al ver parte del camino lleno de flores y se acordó de la anciana, la cual no veía desde hace semanas. Al preguntar al conductor, resultó que aquella mujer falleció, y el pasajero se preguntó de qué sirvió el esfuerzo de la anciana si para cuando dio resultado no pudo verlo… De repente estos pensamientos fueron interrumpidos por la risa de un niño que señalaba las flores del paisaje y le decía a su padre lo bonitas que se veían.

A pesar de que la anciana no pudo disfrutar de su creación, dejó su herencia para que otros la disfrutasen. Algo similar ocurre en la profesión de docente, ya que el profesorado no suele poder ver el resultado de su trabajo, por ser éste a largo plazo. Sin embargo, al igual que aquella mujer, no desistimos ni perdemos la esperanza con nuestros niños y niñas, y día tras día trabajamos para poder ofrecerles una educación de calidad.

¿Existe un acto de amor más real que aquel que da sin esperar recibir nada a cambio? Pues esto es lo que hacía Jesús de Nazaret, y es que, que le llamasen maestro, aún cuando esa profesión no existía, no puede ser casualidad.

Firma-Ana-Martin