8 de agosto

¡Cómo no vamos hoy a acordarnos!

Hoy, 8 de agosto, festividad de santo Domingo de Guzmán, celebramos todos los dominicos y dominicas del mundo la vida de aquél que comenzó este fascinante camino de seguimiento de Jesús de Nazaret que llena nuestra vida.

Como biografías de Domingo hay muchas en vez de contar de nuevo su historia y periplo vital, hoy os ofrecemos brevemente una oración.

Queremos que sirva de acción de gracias por la vida de ese castellano del siglo XIII que revolucionó la Iglesia y que comenzó esta forma de vida cristiana.

Y una acción de gracias que es sobre todo a Dios que despertó en el corazón de Domingo de Guzmán el ansia y la pasión por la predicación, por la verdad, por los horizontes siempre más allá a los que llevar el mensaje del evangelio; que llenó su corazón de amor y compasión, de la sed de la pobreza y la coherencia, de la amistad de la comunidad; que puso en su vida la necesidad de la oración y la contemplación, del estudio y la sabiduría con la que poder llenar la vida de los demás…

Así que gracias Dios por la vida de Domingo y por el camino que él comenzó y que llega hoy hasta nosotros, y con la oración queremos pedir que podamos parecernos un poco a él, que es en el fondo, intentar ser cada vez más como Jesús de Nazaret.

 

Padre Domingo, Santo de Dios,

hombre evangélico de oración y apostolado.

Ayúdame a seguir a Cristo contigo

desde el camino de la pobreza y de la fraternidad.

 

Enséñame a vivir el Evangelio íntegro

para ser testigo de otra verdad y otra esperanza.

 

Que tu vida me estimule,

que mi entrega ilumine mi oración y mi estudio

para que, como tú, sienta la urgencia

de transmitir a los demás

lo que contemplo y lo que vivo en Dios.

 

Quiero aprender de ti a ser:

dócil al Espíritu,

confiado en la providencia del Padre del cielo,

constante en la oración,

convincente por mi estilo de vida,

generoso para servir,

valiente para emprender,

en la alegría agradecido,

en el dolor esperanzado,

en el cansancio fuerte,

en el convivir sincero.

 

Padre Domingo, hombre de Dios,

ayúdame a vivir la medida del amor,

ayúdame a dar la respuesta viva

a la incesante llamada de Jesús. Amén.