Una semana, siete días y muchísimas horas conviviendo con 35 personas completamente desconocidas, y ¿sabéis qué? Que es maravilloso cómo poco a poco hemos ido creando entre todos el concepto de familia, cómo a los tres días del campo ya íbamos dándonos besos y abrazos por todas partes, y ahí, ahí es donde está la magia de esto.

Jamás hubiera pensado que se podría coger tantísimo cariño a unas personas que acaban de aparecer en tu vida, pero sí, esto es así y resulta que es magnífico.

Bueno, haciendo un poco de balance de esta semana, he de decir que nos hemos entregado como enanos a los voluntariados, así como también los hemos disfrutado. Es precioso ver las caras de cada uno de nosotros cuando volvemos, llenos de ilusión y felicidad.

Esto se va convirtiendo en una bonita rutina. El día comienza cómo no con la música de piratas del caribe y la campanita que tanto le gusta hacer sonar a Vicente. No sería un buen día sin el ‘buenos días, buenos días’ de Fermín. Es mítico y nos llena de alegría las mañanas. Tras un desayuno en comunidad, como en todas las comidas, y la oración matutina, nos disponemos a partir hacia los voluntariados, cargados de energía y con muchas ganas de desprender muchísimo cariño. Pero al final termina siendo al revés, y acabamos recibiendo muchísimo más de todo lo que estamos dispuestos a dar.

Durante las tardes y las noches es donde realmente se puede observar la esencia del campo, compartiendo en comunidad. Son los momentos para conocernos un poco más y afianzar la confianza. Es maravilloso cómo todos ellos no dejan de sorprenderme día a día, y cómo me enseñan a ser mejor, a no tener miedo ante nada.

Ya estamos en el ecuador del campo, y creo que no me equivoco al decir que esto está siendo una de las experiencias más bonitas de mi vida.

El final se va acercando pero ninguno de nosotros quiere tomar conciencia de ello, sólo nos queda disfrutar aún más y arrancar con la mejor de nuestras sonrisas esta semana que nos queda.

 

<strong>Desi Lebrato</strong>
Desi Lebrato