Querid@ joven:

En pleno siglo XXI, si tuviera que presentarte a alguien que vibra por la vida, saldría a la calle y no tardaría en encontrar el perfil adecuado. Si quisiera presentarte a un joven que como tú derrocha ilusión y sueña con el futuro, tampoco lo tendría difícil. Pero…, si mi personaje fuese alguien que vibró por la vida, respiró esperanza, derrochó caridad a manos llenas, practicó y predicó la compasión y el perdón, y depositó toda su confianza en Dios… sin duda alguna te presentaría a Francisco Coll y Guitart. Alguien de ayer y de hoy.

El 18 de mayo de 1812 una pequeña luz se enciende en el pueblecito de Gombrén (Gerona). Al calor de una familia cristiana muy numerosa nace Francisco. Al día siguiente recibe el bautismo en la parroquia de su pueblo. Con tan sólo diez años, decide emprender un camino largo y difícil que marcará definitivamente toda su vida: marchar a Vic para ser sacerdote. Muchos serán los obstáculos que tendrá que afrontar este pequeño que, huérfano de padre y sin recursos, se aleja de las montañas que le vieron nacer, para alcanzar su sueño.

Al calor del hogar en la Masía de Puigseslloses a 5 km de Vic, comienza a recorrer el nuevo camino. Como joven seminarista experimenta que Dios, es quien diariamente guía e ilumina su vida. En el encuentro con Dios, con los demás y consigo mismo descubre una nueva llamada. Un día, paseando por las calles de Vic, un desconocido le dijo: “Tú Coll, debes hacerte dominico”. Entonces comprendió que Dios le llamaba a tomar un nuevo camino ¡ser dominico!

No fue algo sencillo, eran tiempos difíciles y el convento de Vic no contaba con medios para mantener a los jóvenes que deseaban ser religiosos, así que… tuvo que dirigir sus pasos hacia Gerona; allí en el convento de la Anunciación de los dominicos, encontró su sitio. Una nueva luz se había encendido en su vida. En Gerona se forjó su vocación como fraile dominico, fueron años felices que se vieron truncados por la exclaustración de 1835. Junto con todos sus compañeros, Francisco debe abandonar el convento.

En medio de un ambiente hostil para la Iglesia, con muchos esfuerzos logrará terminar sus estudios y será ordenado sacerdote el 28 de mayo de 1836. Comienza para él una vida dedicada al ministerio sacerdotal. De pueblo en pueblo, junto a otros religiosos como el P. Claret, se convirtió en un infatigable predicador y misionero popular. Urgía llevar la luz de Cristo a todos los rincones; por eso no escatimó ningún esfuerzo para predicar la palabra de Dios. A medida que recorría pueblos y ciudades anunciando el Evangelio, descubría la falta de formación humana y cristiana y… ¡de nuevo se puso en camino para iluminar las tinieblas de la ignorancia de su tiempo. Así fue como el 15 de agosto de 1856 fundó en Vic la Congregación de Hermanas Dominicas de la Anunciata. Otra etapa de su vida marcada por la dificultad pero sobre todo por la confianza puesta totalmente en Dios. Ante las numerosas dificultades que se interponen en la Fundación de la Congregación, Francisco Coll exclama: ¡Si es Obra de Dios, saldrá adelante!

Después de esta breve presentación, quizá te hayas identificado con él o hayas descubierto a alguien que no se dejó amedrantar por las dificultades y que luchó por alcanzar sus sueños fiándose siempre de Dios. La vida de San Francisco Coll como la tuya o la mía, es una carrera de obstáculos que hay que salvar para lograr alcanzar la meta. Por eso, hoy te invito a que retomes el camino de tu vida y descubras la luz que guía tus pasos.

 

<strong>H. Gloria Cañada</strong>
H. Gloria CañadaDominica Anunciata