Este fin de semana, pude disfrutar de unos días de convivencia con algunos buenos amigos, todos nosotros inmiscuidos en el mundo como cristianos y, para concretar más, en lo Dominicano, y se pidió que habláramos de algún tema importante, en nuestra vida, en nuestro caminar cristiano, algún tema que tuviéramos en mente, presente, del que sintiéramos el impulso de compartir.

Como me encanta la buena charla, no pude otra cosa que ofrecerme voluntaria y esto fue lo primero que acudió a mi mente como tema del que poder debatir o del que crear una reflexión.

A raíz de distintas formaciones en torno al tema, así como debido al trabajo realizado estos años con chavales entre 5º de Primaria y 1º de Bachiller, de vez en cuando me da por pensar en los Sacramentos para intentar degustar más su significado y su implicación, ya que, además, estos niños están con la primera comunión recién hecha y comienzan a andar en dirección a la confirmación. Además, me encuentro ya, en mi etapa adulta y con mi momento vital personal, en marcha, para hacer presente la realidad de mi vocación hacia el matrimonio y la formación de una familia. Es, por ello también, que no son pocas las veces que he pensado realmente la solemnidad de ese momento, el compromiso que reafirmo quiero adquirir con él y Él, y se me han hecho presentes cantidad de dudas con las que debo trabajar antes de tomar la decisión que sea, rememorando cuáles fueron éstas en otros sacramentos que ya viví, que recibí cuando era más joven, un bebé en el bautismo, una niña pequeña, por mucho que me molestara en aquel entonces que alguien se refiriera a mi así, en la comunión y una joven, cuando confirmé.

Tanto en el bautismo como, si me apuras, en la comunión (aunque nos cueste reconocer que así fue), y más, actualmente, con el cambio que están sufriendo en distintos aspectos las nuevas generaciones de niños, la decisión de internarnos, o comenzar a vislumbrar, las implicaciones de estos sacramentos en nuestra vida como cristianos, en nuestra vida de fe, es muy limitada. Sin embargo, acompañan distintos momentos en nuestro paso por este mundo.

Es necesario  formarse lo máximo posible para entender a qué Iglesia dices SÍ, a que Fe dices SÍ, a qué Dios dices SÍ

La decisión en el bautismo, por nuestra parte, como individuos y como cristianos, es nula, siendo nuestros padres los que la toman, acompañado de unos padrinos, que trabajaran conjuntamente para que nuestra educación tenga su centro mismo en Cristo, pasando a formar parte de un conjunto que, hasta mucho tiempo después, no llegaremos a entender, la Iglesia. Por otra parte, llegado el tiempo de hacer la primera comunión, que en mi caso se produjo en 4º de Primaria, uno se encuentra todavía movido por razones inmaduras que dan una continuidad a su pertenencia a esa Iglesia, pero sin comprender muy bien aún lo que esto implica, a lo que te compromete. Viéndome en retrospectiva, creo que las razones que me movieron a mí, fueron continuar con una tradición familiar cristiana, inculcada desde niña, porque me enseñaron, y yo lo sentía así, a querer a Jesús y creer en Él, a rezar por las noches el “Jesusito de mi vida…” o “cuatro esquinitas tiene mi cama…” o aquello otro de “ángel de mi guarda…”, en la importancia de ser buena con los demás, etc. pero también porque quería hacer eso que hacían mis padres, y mis abuelos, cuando iban a misa, y comerme ese trocito redondo de pan que me decían que era Dios, y he aquí una dicotomía que no deja de entristecerme ahora que soy algo más mayor, sobre todo cuando oigo y veo tantos niños que hacen su primera y última comunión o que, cuando te explican sus razones para ello, Jesús, Dios o Cristo no aparece en el diálogo en ningún momento, pero comprendemos que, como niños, es algo natural y nos agarramos a la esperanza de que al preguntarles directamente “pero tú quieres a Jesús ¿no?” la respuesta sigue siendo “sí”.

Por último, hasta ahora por lo menos, llega el momento de la confirmación. Yo tuve la suerte de que no se ofertaba en mi colegio que es dónde, tras la comunión que realicé en mi parroquia tras 3 años de preparación, seguí con mi formación cristiana dentro de los grupos de reflexión. ¿Por qué digo suerte? ¿Choca no? Al fin y al cabo, podría haber dificultado, el hecho de no tenerlo a mano, el que no me hubiera confirmado… pero no, me alegra, porque me permitió que fuera algo que salió de mí, que provino de una decisión personal y no de la presión de grupo o de seguir la cadencia, solo por la pura inercia. Creo, verdaderamente, que la confirmación nos brinda, como jóvenes, un momento único, y último salvo para aquellos que luego encuentren su vocación en la vida consagrada, para corroborarnos como cristianos, es decir, para decir nuestro SÍ a aquella decisión que fue primero de nuestros padres y luego, en parte nuestra, pero con una visión infantil, parcial o bastante limitada. Para mí, fue importante esperar hasta 1º de Bachiller porque me permitió la oportunidad de sentirme madura (por supuesto que me quedaba y me queda mucho por madurar y por definir de mi misma, y por cambiar una vez decidido, pues es un proceso que no acaba nunca) antes de tomar una decisión tan importante como creo que es decirle a Dios, “haz en mi según tu Palabra” o “tuyo soy” y “úsame para hacer tu voluntad” y cumplirlo o no dejar, al menos, de intentarlo. Me parece un compromiso tan absolutamente brutal, que no sólo implica conocerse mejor a uno mismo y lo que quieres de tu vida, lo que quieres que guíe tu vida como centro de la misma. Es necesario también, formarse, lo máximo posible para entender a qué Iglesia dices SÍ, a que Fe dices SÍ, a qué Dios dices SÍ y la trascendencia que implica, el compromiso al que te sumas, ya que deberás ser e intentar en cada segundo de tu existencia vivirlo desde la Gracia para gloria de Dios, en las pequeñas acciones de tu trabajo, con tu familia, con cada rostro que te encuentras en tu día a día pero también en los menos, los olvidados… decides aceptar que tu vida y tu tiempo ya no son solo tuyos si no que le pertenecen a Él… te conviertes en sus manos, en su apóstol… por eso es fundamental, durante el resto de nuestra vida, preguntarnos de vez en cuando, ¿hago lo suficiente? ¿vivo mi confirmación hoy? ¿cumplo el compromiso? ¿sigo trabajando por el Reino como prometí? Y esto no significa que no haya dudas, muchas, en el tiempo posterior a este momento clave en nuestra vida como cristianos, ni que no evolucione el significado en nuestra vida de hacer el Reino, pero nunca debemos dejar de hacerlo.

Tenemos que entender todo esto a nivel personal, y hacerlo saber así a los chavales con los que trabajamos dentro de la pastoral o con los que tenemos algún contacto, para intentar evitar que la confirmación se convierta sólo en una rutina o hacer lo que hace la mayoría, sólo en otro momento a aprovechar para poderme vestirme de gala y que me hagan regalos, sólo en un valor numérico para afirmar que la religión sigue siendo prioritaria para la juventud… hace poco me enteré que, como norma, desde la Iglesia, al menos aquí en Madrid, se propone que la confirmación se continúe directamente con la comunión y me da miedo que en un intento por aumentar el número de confirmandos sacrifiquemos un compromiso real, consciente y maduro de lo que realmente se nos exige cómo tal…

Tenemos que intentar evitar que la confirmación se convierta sólo en una rutina o hacer lo que hace la mayoría

¿Qué será mejor, perder a algunos en el camino pero que los que lleguen estén convencidos o por contra, intentar captar a cuántas más almas mejor y los que se tengan que caer ya lo harán? ¿Es necesaria realmente una fe madura, como es mi planteamiento o percepción o verdaderamente no es tan relevante? ¿Le damos a los sacramentos la trascendencia que tienen o como formadores perdemos, en ocasiones, parte de su esencia en pos de otras cosas? Por mi parte, creo e intento que quién decida finalmente tomar esta opción de vida, lo haga con un férreo convencimiento y conocimiento de lo que con ello “se le exige” porque de otra forma es mejor que espere al momento, que llegará o no, en el que crea verdaderamente en que su SÍ es completo en el aquí y el ahora de darlo.

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