Sabía que por una razón u otra iba a escribir algún día sobre ella. Primero de todo porque este 2015 se ha celebrado el V centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. Después, por asuntos personales como que en mi DNI figura que me llamo María Teresa de Jesús; bien porque este año he estado sumergida estudiando la escritura femenina y los libros de caballerías; o porque siempre he creído que con amor se pueden alcanzar todas las metas.

Lo que os quiero contar no es una biografía ni un estudio sobre Santa Teresa. Solo quiero es-cribir sobre aquello que he imaginado a partir de lo que he leído, porque estoy convencida de que todo lo que sabemos sobre ella es una mínima parte de lo que fue.

Imagino a Santa Teresa escribiendo por voluntad propia, como ella decía, para dar orden a su mundo interior. La imagino en otras ocasiones enfurecida preguntándose por qué sus superiores, otras monjas o su mismo confesor la obligaban a escribir.

No cabe duda de que en su Libro de Vida nos quiso mostrar su afición lectora. Fue su madre la que le inculcó su pasión por los libros de caballería, a pesar de las críticas de los moralistas de la época que pensaban que inducían a la ensoñación. Sin embargo, podemos imaginar a la pequeña Teresa escondiéndose para leer aquellos libros de armas y amor. Ella misma nos revela que los libros de caballería la llevaron a «gastar muchas horas del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque escondida de mi padre. Era tan en extremo lo que en esto me embebía, que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento».

Mujer luchadora, siempre con ánimo y esperanza pensó que seguía la voluntad que el Señor quería para ella: supo compaginar el gobierno de su orden con la redacción de sus libros y la fundación de hasta 17 conventos en Ávila, Medina del Campo, Valladolid, Toledo, Salamanca, entre otros. Santa Teresa murió sin haber publicado ninguna de sus obras, del mismo modo, a pesar de su ilusión no vio fundar el convento en Madrid.

Casi siempre imaginemos a Santa Teresa de Jesús como la mística que fue, pero ante todo la imagino como una mujer tenaz que declaró el amor como el ingrediente más valioso para conseguir todo lo que nos proponemos. Y creo que esa es la enseñanza necesaria en nuestro día a día porque para conseguir todos nuestros objetivos el principal ingrediente es el amor en cada detalle, en cada acto, en cada proyecto, en cada mirada, en definitiva, en cada uno de nosotros.

El amor, para que sea auténtico, debe costarnos

Sin un corazón lleno de amor y sin unas manos generosas, es imposible curar a un hombre enfermo de su soledad.

No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor.

Sólo amor es el que da valor a todas las cosas.

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Teresa Donderis 

Endavant (Valencia)