Otra vez Lampedusa, y cuando no es el mediterráneo es el atlántico, las concertinas, las pelotas de goma, el hacinamiento en los CIE’s, las expulsiones en caliente o la privación de la sanidad a las personas migrantes.

Pero cuidado, que si queremos mirar hacia otra parte igual nos encontramos con la ruta que las personas latinoamericanas realizan desde el sur hasta el norte atravesando desiertos, mafias, violaciones y muerte.

En el Caribe se llaman “Yolas”, en el mediterráneo “Pateras”, en el Atlántico “Cayucos”. Y si no es a través de mar, llegan, quienes lo hacen, saltando una cerca, una valla equipada de “concertinas”, que es como se llama ahora a las afiladas cuchillas colocadas, con dolo, para herir; ¡ay no! que ellos le llaman medida de protección, las colocan como medidas de protección, para evitar invasiones y tal. Son disuasorias las concertinas, nos cuentan los gobernantes.

En el mar, no les hacen falta las concertinas, total, ya se ahogan solos. ¿Y salvarlos? ¿Para qué? Es mucho más caro y además eso requiere acogerlos en nuestros estupendos estados de bienestar social. Pero claro, no hay para todos…. ¿Los Servicios Sociales?, colapsados por inmigrantes, ¿la sanidad pública? También. Una ya no puede ni llevar a sus hijos a una Escuela Pública porque igual se encuentra con ellos: los inmigrantes, que nos quitan lo nuestro.

Pero eso sí, se mueren más de 1000 personas en una semana y todos somos muy buenos cristianos y oramos por ellos y ellas. Mientras no toquen lo mío, claro. Y así, nos convertimos en cooperadores necesarios que consienten en silencio el genocidio que media humanidad realiza contra la otra mitad. No hay mareas blancas, ni verdes, ni naranjas. No hay lazos rosas, ni rojos. No existen. Pocas manifestaciones se ven en la calle. El impacto social es leve. No han cogido un avión, no. Ellos venían por mar, hacinados en barcos de mafiosos. No irán los jefes de Estado al lugar de los hechos, ni habrá una reclamación por responsabilidad civil. No habrá abogados peleando por ellos. Ellos no tienen derechos. Y para que tengan uno, sólo uno, como el derecho de asilo, hace falta acreditar tantos hechos que además de venir uno, ha de venir con pruebas para que se lo reconozcan.

La gente no viene a robar, viene huyendo del hambre y la guerra. El África subsahariana vive en crisis, y los refugiados de las guerras continuarán huyendo, por lo que continuarán llegando, y siendo noticia por un día, y los lloraremos y rezaremos. Pero eso sí, no les paguemos la sanidad, no les demos permiso de residencia o asilo político, que luego eso, eso sí lo pagamos todos con nuestros impuestos.

 

Maite.