Después de años de preparativos y de intensa espera el jubileo ha llegado casi sin darnos cuenta, y aquí estamos viviendo la Eucaristía Inicial. Es una celebración llena de alegría, de familia y de hermandad. Celebramos 800 años llenos de vida, construidos con las vidas de aquellos que nos han precedido y con nuestras propias vidas, ya que somos nosotros los que seguimos escribiendo la historia de esta familia nuestra.

En 800 años han cambiado muchas cosas, pero lo que no ha cambiado es la necesidad que tiene el mundo de la Predicación del Evangelio. De una predicación llena de alegría y compromiso, de una predicación de vida y de palabra.

El jubileo nos da la gran oportunidad de repensar quienes somos. Para eso necesitamos saber quienes hemos sido. Tenemos la fortuna de estar celebrando 800 años de misión. Una misión apasionante: buscar la Verdad para Predicarla a los cuatro vientos. Ser palabra alternativa y comprometida con el Reino de Dios de Dios y su justicia.

La Orden es hoy tan necesaria como hace 800 años. Otros son hoy los cataros y los cumanos, otros son los medios que podemos emplear en nuestro anuncio, pero la misma tiene que ser nuestra libertad y nuestra valentía para salir a los caminos a acercarnos a ellos.

Todos y cada uno de nosotros podemos hacer dos cosas en este año jubilar: podemos consumir celebraciones, ritos y conferencias como quién va al cine o al teatro sin que cambie nada en nuestra vida, o podemos aprovechar la oportunidad de celebrar quienes somos, para sabiéndolo poder soñar mejor quienes queremos llegar a ser.

Nadie alcanza una meta que antes no haya soñado. Estos 800 años llenos de luces y de sombras nos iluminan y nos recuerdan que tenemos la capacidad de ser voz de los sin voz y profetas en nuestra tierra.

Fr. Javier en su homilía recordaba las palabras de San Pablo “Nadie es tan pobre que no pueda ser generoso”, yo diría “Nadie es capaz de callar aquello que verdaderamente le hace feliz”. Si predicar es nuestra vida, y la Orden nuestra familia el corazón nos llevará a anunciar la gracia del Evangelio con alegría allí donde estemos. Es desde ese repensar quienes somos, desde donde seremos capaces de renovar las fuerzas de nuestro anuncio, desde donde verdaderamente empezaremos a vivir el jubileo plenamente.

No perdamos la oportunidad de vivir el jubileo plenamente perdiéndonos entre actividades que ocupen nuestro tiempo sin ocupar nuestro corazón. Pongámoslo en cada cosa que hagamos, pues sólo así estaremos celebrando estos 800 años con la dignidad que se merecen.

 

julia-moreno