En esta vida tan ajetreada que llevamos, muchas veces nos vemos rodeados de ruidos internos y externos que nos llevan a olvidar las cosas realmente importantes. Hace que parezca como si ya no importasen más, apartando nuestras verdaderas preocupaciones para sumergirnos en ellos. Por eso, cuando se nos presenta la oportunidad de parar por unos días para poder conectar con nosotros mismos y con más gente con la que compartir experiencias e inquietudes, no se puede desaprovechar.

Esta vez hemos sido unos 50 jóvenes provenientes de distintos puntos de España los que nos hemos reunido el fin de semana pasado en Los Molinos, Madrid. Han sido tres días intensos cargados de emociones y sonrisas, un encuentro para aprender, reír, jugar, recordar y orar.

El concepto más claro que nos han enseñado en este tiempo ha sido la espiritualidad y su sentido en el carisma dominicano. Gracias a Rocío, entendimos que, para ello, es esencial el conocimiento de uno mismo y aprender a amar el silencio como única vía de escape de la realidad exterior, para así poder comprender mejor la interior. No hay que olvidar nunca que no es sino en nosotros donde podemos encontrar la fuerza y la voluntad necesarias para poder superar las dificultades que se nos presentan. Pero tampoco hay que olvidar que sin el apoyo de los demás, la mayoría de nuestros intentos se quedarían solo en intentos.

Por eso la conexión con la comunidad es crucial en nuestras vidas. Porque nos ayuda a entendernos mejor, a perdonarnos mejor, y a encontrar una mano amiga cuando peor se nos presenta el paisaje. A veces nos aferramos al miedo como si no hubiera más salida, olvidando que no es al tirar los dados cuando se avanza, también hay que mover ficha.

Gracias a Nacho entendimos que, ante la llamada de seguimiento a Jesús, hay muchas formas de responder, sabiendo que implica renunciar a ciertos privilegios muy cómodos en nuestras vidas diarias. Precisamente esta vocación de seguimiento es lo que nos permite formar la comunidad, compartiendo el mismo destino y la misma misión. Todo esto sin olvidar nunca la presencia de nuestro padre Santo Domingo, cuya sensibilidad y caridad cobra pleno sentido todos los días en cada uno de nosotros.

El encuentro nos ha permitido rebuscar en nuestro interior para meditar y orar con el objetivo de ampliar nuestros puntos de vista. Gracias a Cristina y a José Ángel hemos sentido el respeto por nuestros semejantes de una manera muy tangible, dándonos cuenta de lo importante que es tener una actitud abierta para con el mundo que nos rodea. Esto nos dejó comprobar la gran diversidad a nuestro alrededor y sentir su enorme valor en la sociedad.

Por otro lado, hemos encontrado horas y horas de risas, juegos, compañerismo y miles de sensaciones con las que quedarnos y volver a casa con las pilas cargadas. Por muy duro que se presente el futuro, siempre se encara mejor si estamos felices y tenemos con quién compartirlo.

Laura Hermosa
Laura HermosaOviedo