La “primera comunidad de dominicos en América” ya se atrevió a desafiar a las instituciones (las suyas propias) invasoras en el Nuevo Mundo cuestionando el (mal) trato de los españoles a los indios. El discurso de Montesinos – como dice Fray Felicísimo Martínez, o.p.- es una metáfora de la vida dominicana; una vida que debería combinar el estudio con la acción misionera.

El pasado 5, 6 y 7 de febrero tuvo lugar, en Sevilla, el congreso “La vulnerabilidad de los emigrantes y los derechos humanos” enmarcado en el Proceso Salamanca. La Orden de Predicadores busca crear espacios de diálogo y colaboración entre dominicos comprometidos en la misión y dominicos dedicados al estudio e investigación.

La acción social ha sido el leitmotiv de todo el fin de semana. Desde muchas voces el discurso se ha repetido de manera continua: el mundo necesita ayuda.

“Lo importante es estar cerca de ellos”, decía Mº José Cano mientras explicaba la realidad de los emigrantes en Almería. Ella, junto con su comunidad de Mercedarias de la Caridad, ayuda en todos los ámbitos al colectivo subsahariano. Las Hnas. Oblatas cuentan la realidad de mujeres emigrantes víctimas de trata de blanca. Sus relatos dicen ser “historias de muerte con posibilidad de vida”. Luchan cada día por que “nos cambie la mirada” frente a la realidad.

La Secretaria de Familia Dominicana, Pilar del Barrio, nos da la clave de cómo podemos intervenir en esta realidad: Observar y estar informados. El resto llega solo…

Han sido muchos los que han hablado en el congreso. Cada uno estaba especializado en un campo diferente, al que se entregaba plenamente. Desde temas jurídicos hasta acciones sociales, desobediencia civil y realidades del mundo machista. Todo desde un punto de vista cristiano.

¿Con qué me quedo? Con mucha información nueva y útil. Pero, sobre todo, oxígeno. Aire fresco para seguir adelante. Con este tipo de encuentros uno se da cuenta de la cantidad de gente que se entrega y sirve a los más vulnerables. Es sorprendente la cantidad de pequeñas acciones que se realizan a lo largo de toda la península (por no hablar del resto de territorios).

Desde luego no hay que cantar victoria. Creo que aún queda mucho por hacer. He visto mucha gente en el congreso, pero un porcentaje muy alto era de adultos. Pocos jóvenes.

Si algo tengo claro es que tenemos que ser valientes y HACER. Desafiar el orden establecido y, sin miedo, desobedecer. Y como dijo José Luis Segovia al final del congreso, debemos conseguir entender la realidad y que –desde la moral- nos lleve a gritar “NO HAY DERECHO”.

Habrá más encuentros como este. Ojalá seamos más y podamos encontrar más formas de cambiar nuestro bonito (o no tanto) mundo.

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