“Aquí no crecen plantas ni árboles pero florecen personas” empiezo con esa frase porque realmente no creo que exista mejor manera de describirlo.

En septiembre del año pasado me presentaron un proyecto: el Sahara Marathon. Éste es un proyecto internacional donde participantes, sobretodo de España, pasan una semana en casas de las familias de los campos de refugiados saharauis que se encuentran cerca de Tindouf (Argelia). Aunque el “día grande” es el de la carrera, la verdadera importancia reside en  recordar a los saharauis que no son un pueblo olvidado y presionar a nivel internacional para que se avance en las negociaciones de la ONU para conseguir la libertad de Sahara Occidental, ya que los Acuerdos de Paz de 1971 no se han cumplido.

Para poner un poco en situación, existen 4 campamentos de refugiados saharauis: El Aioun, Aussert, Smara (donde yo me alojé) y Dajla, en total más de 200.000 personas que huyeron de su país hace 40 años ante la invasión marroquí y que por lo tanto llevan todo este tiempo sobreviviendo en un terreno yermo, incultivable, donde además el octubre pasado tuvieron que soportar unas lluvias que destruyeron más de 11.000 hogares y dejaron a más de 60.000 personas sin nada.

Esta situación ya de por sí parece descorazonadora, pero además por varias razones, entre ellas los recortes, no tienen asegurada durante los próximos meses la canasta básica mensual que recibían de la ayuda humanitaria la cual les proporcionaba un aporte energético suficiente.

Pero ¿cómo se sustentan? La mayoría de familias tienen uno o más miembros que trabaja fuera de los campamentos y manda dinero a casa. Allí hay poco que hacer además del ganado, pero tampoco es fácil alimentar a muchos animales. Los hombres buscan trabajo fuera, las mujeres se encargan de todo en la casa, incluso de la reconstrucción, y los niños van al colegio.

Lo que les da esperanza como pueblo es pensar que algún día podrán dejar el desierto y volver a su país libre.

Una de las cosas que más me alegró fue comprobar que todos los niños van al colegio, además está muy bien organizado: cada campamento o wilaya tiene unos 6 barrios o dairas y cada daira tiene un colegio. También tienen muy bien ordenado el registro de los recién nacidos y un control sanitario de cada uno como pudimos ver en las fichas de un centro de salud.

Además, para los niños existe el proyecto de “Vacaciones por la paz” donde durante 3 ó 4 años los niños a partir de cierta edad vienen a familias de acogida españolas en los meses de verano, ya que la temperatura allí llega a los 55º y no salen de casa.

La madre de la familia con quien yo me encontraba aseguraba que el verano era casi inaguantable, pero casi más porque se iban los niños que por el calor. Y es que eso es de lo que más me llamó la atención: los niños allí son el triple de felices que los que estamos acostumbrados a ver, y lo digo desde el amor inmenso a primos pequeños y a todos los niños, pero es verdad. En la última convivencia donde yo fui con los mayores de Grupo Espiga hablábamos, en la dinámica de los pozos, de que cuanto más lo llenas de cosas materiales es más difícil encontrar el agua que había dentro y lo bien que hacía sentir encontrarla; pues viendo la pureza de la alegría que transmiten y la confianza con la que te cogen la mano con sólo sonreírles mientras les ves llenos de arena o con los pies descalzos es algo demasiado olvidado en el mundo donde vivimos.

El día que teníamos que volver hubo una tormenta de arena y no pudo despegar el avión, en mi casa de allí casi montan una fiesta y nos pasamos el día bailando y jugando con los niños, para todos la tormenta fue un regalo.

De esto hace un mes y yo no paro de pensar en volver el año que viene, fui con más gente de la universidad a buscar una manera de realizar nuestro propio proyecto y al final encontramos una excusa para volver. Este es un resumen muy pequeño de mi experiencia, me encantaría describir cada día, cada detalle y a cada persona, pero aun así no sería suficiente para haceros la idea clara de lo que ha sido, así que os animo a impulsaros a vivir diferente porque esto te hace ver la vida desde puntos de vista nuevos y crecer en más direcciones.

Espero no haberte aburrido y gracias por llegar hasta aquí.

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