“No te afanes por hacerte rico; sé prudente, y desiste. 

¿Has de poner tus ojos en las riquezas, siendo ningunas? 

Porque se harán alas como alas de águila, y volarán al cielo.”

(Pr:22:4-5)

Luchó contra el esquema establecido, rompió las normas acercándose al pobre, al leproso y a la mujer marginada, predicó en los suburbios, criticó la jerarquía de los monarcas, repudió la opulencia y murió fiel a su ideal.

Combatió sin armas y, sin embrago, ocasionó una de las mayores revueltas de la historia; tomó la palabra como espada y predicó el mensaje más radical de paz, igualdad, dignidad y humildad de la historia. Jesús conocía el riesgo que corría y sabía que el camino de la predicación no sería fácil, sino duro y progresivo. Aún y así, su valentía y firmeza no lo frenaron para posicionarse siempre al lado del pobre, del pecador y del enfermo.

Jesús es rebeldía. Y con esto, no me refiero a que lo perciba como a un  guerrillero agresivo o fanático, sino al contrario. Creo que fue un rebelde de los de verdad: de los que luchan sin violencia por cambiar aquello con lo que no se conforman. Por eso, para mí, seguir su ejemplo significa invertir en humanismo, en servicio, en altruismo y en perseverancia.

 

<strong>Sara Galiana</strong>
Sara GalianaBarcelona