(La oración vertebra el carisma dominicano)

La oración es un elemento esencial de la vida cristiana y fundamental de la vida religiosa, en ella y desde ella se alienta y sostiene la fe.

La Orden de Predicadores recoge en sus Constituciones la tradición y la exhortación de la oración como surtidora del carisma dominicano.

En la primera parte del libro de las Constituciones, referida a la vida de los frailes se dedica el Capitulo II a la Sagrada Liturgia y oración. Dentro del mismo se desarrollan tres artículos con veinte números y sus respectivos párrafos, a través de los cuales queda regulada la oración en el carisma propio de la Orden.

El fin último de la vida dominicana está en consonancia con el fin último de todo el universo que es la gloria de Dios, pero la vida dominicana se formula en su fin intermedio: buscar la salvación propia y de los demás mediante la evangelización multiforme de la Palabra de Dios.

El punto de partida del dominico, es: contemplar en la oración y en el estudio y dar a los demás lo contemplado. Por tanto la vida dominicana se construye en la síntesis intima de ambos fines, expresada claramente por Santo Domingo y recogida en las Constituciones: “hablar con Dios o de Dios” (LCO1, II)

Sus formas de oración aparecen claramente en los lemas que describen el contenido de la vida dominicana. Uno de ellos es:

“ALABAR, BENDECIR, PREDICAR”

En primer lugar está la celebración litúrgica y oración, que es proclamación de la alabanza de Dios (Alabar).

“La celebración de la liturgia es el centro y el corazón de toda nuestra vida, cuya unidad radica principalmente en ella.” (LCO 57)

En las Constituciones se afirma “Por voluntad misma de santo Domingo la celebración solemne de la liturgia debe estimarse entre las principales actividades de nuestra vocación” ( LCO57)

La celebración de la liturgia de modo comunitario y solemne, forma parte substancial del carisma dominicano y es resultado del ambiente religioso en el que vivió y movió el fundador pero la novedad real de santo Domingo fue la orientación apostólica que dio a la celebración litúrgica.

Hoy se recoge “todos los frailes están obligados a la celebración coral de la Eucaristía conventual y del Oficio divino… que las iglesias dominicanas sean centros de predicación, de vida litúrgica, de comunidad cristiana y de irradiación apostólica” (LCO 63 y 126)

En segundo lugar, la mediación presbiteral (Bendecir). La meditación u oración mental

“como la contemplación de las realidades divinas y el coloquio íntimo y la intimidad con Dios se debe buscar no sólo en las celebraciones litúrgicas y en la lectura de la Palabra de Dios, sino también en las oraciones privadas asidua, los frailes practiquen esta forma de oración” (LCO 66 )

En tercer lugar, la Orden de Predicadores actúa de forma definitiva en el ministerio múltiple de Palabra (Predicar).

La oración y el estudio se ordenan a la contemplación. La relación entre la contemplación y la acción apostólica es tan íntima que entre ambas se da una realidad ontológica de causa a efecto y no la simple relación de instrumento que se puede cambiar, de tal manera que la autentica predicación es vivir la verdadera contemplación. Se es contemplativo ya cuando se realiza bien la celebración litúrgica, la oración personal y el estudio de la verdad sagrada. Una contemplación que sobreabunda en la acción, mediante la cual se entra en contacto y experiencia con las verdades de la fe revelada, radicada en la caridad y el don de vida.

Esta rápida mirada a las Constituciones de la Orden de Predicadores dejan patente el lugar de la oración en el carisma dominicano, a la vez que nos estimulan en nuestra vida de oración y en la búsqueda de Dios.

<b>Alexis Coffi</b>
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