Hace unos días me hicieron una pregunta: ¿para qué sirves? Y hoy te hago a ti la misma pregunta: ¿para qué sirves? o ¿para qué estás en este momento en un determinado lugar, con unas personas concretas y con una situación “X”?

Estos pensamientos no los había tenido en mi mente desde hace tiempo. Y cuando me han venido siempre los he desechado rápidamente porque me cuesta encontrar respuesta. Pero esta persona me hizo pararme y pensar. Pararme y orar. Me contó que primero tengo que conocerme a mi misma y a los demás para poder contestar. Y después preguntarme cuál es mi misión. Me dijo que las personas somos como una cebolla: estamos llenos de capas.

Si analizamos a la cebolla, primero nos encontramos con la piel y una primera capa que quitamos y tiramos a la basura. Pues esto es lo que tenemos que hacer con nosotros mismos. Limpiar esa parte de fuera, quitar esa piel o capa que nos ponemos para evitar que nos vean cómo somos realmente. También es lo que debemos hacer cuando conocemos a una persona, así tiraremos a la basura nuestros prejuicios.

Luego, encontramos una parte de la cebolla que tiene muchas capas y que conforme más vamos quitando más tierna está. Pues este es el segundo paso que tenemos que hacer. Si tú te interesas por ti o por la otra persona; si tú intentas llegar a tu interior o al interior de otra persona, llegarás a esa parte tierna, al corazón.

Después, encontramos el centro de la cebolla. Donde se encuentra todo su sabor, lo más tierno, incluso es lo que te hace llorar. Al igual que nos pasa a nosotros. Cuando llegamos a nuestro corazón y vemos verdaderamente lo que hay, también pasa cuando llegamos al de otra persona, nos emociona tanto que hasta lloramos.

Ahora que ya hemos hablado de conocer a la persona ¿sabes contestar a mi pregunta? Yo no sabía. Y me acordé de una lectura que dice que nuestra misión debe ser “Ser sal, luz y fermento”. Podría explicaros una a una lo que quiere decir cada palabra para mí. Podría deciros que para mi ser sal quiere decir dar sentido y gusto a la vida, deshacerse por el otro, no actuar solo. O podría comentaros que para mi ser luz es alumbrar con el diálogo y la escucha el problema o la preocupación del otro, sabiendo quitar importancia. O hablaros de ser fermento, poner un poco de ti para que se multiplique, gracias a Dios, como la levadura. Pero mejor voy a lanzaros una pregunta: ¿ya sabes contestar al título de este artículo?

A mí aún me costaba. Y seguí pensando  (os invito a que vosotros también penséis para llegar a la respuesta.) Entonces, me acordé de una persona que me dijo: “tú para sentirte feliz no tienes que vivir en un estado de bienestar sino es un estado de bienser”. Es decir, vive para ser, para tener una misión, para servir. Siendo un proFEsional de la vida. Viviendo con fe. Siendo el centro tierno de la cebolla, sal, luz y fermento. Eso sí, ayudándote siempre de Dios y la oración. En ese momento, pude dar respuesta a la pregunta. ¿Tú ya puedes?

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