El pasado 9 de mayo, Grupo Espiga organizó la cuarta edición del Festival Solidario CON OTRA MIRADA, al que asistieron más de 350 personas.

Este es el pensamiento de Marta Selma, una de las voluntarias del evento. Parece que hay infinitud de palabras que hoy día han perdido todo significado: austeridad, comunidad, libertad, compasión… Recuerdo una formación en la que hablábamos de que la compasión debería entenderse como el vivir con pasión sintiendo con los demás. Pero claro, no podemos sentir con alguien que no conocemos. Supongo que hay personas más sensibles o con la mirada más profunda que otras, pero si uno no se acerca al otro es imposible llegar a sentir esa unidad que tendría que ser el mundo.

Debería ser responsabilidad de todos, como habitantes de este gran regalo que es el mundo, el crear ese ser continuo que es la humanidad. Creo que el problema al que nos enfrentamos ya no es si una persona es negra o blanca, la cuestión es que hemos dejado de MIRARNOS. Hemos dejado de pensar que no estamos solo nosotros, las personas y los objetos que nos rodean.

Nos contaba uno de los chicos en una de las mesas redondas: “Es que dependemos mucho de los países más ricos porque aunque tengamos mucho hierro no podemos transfórmalo en nada más, dependemos de que otros lo hagan y después nos lo vendan”. Naturalmente, cuando alguien coge en casa una cadena no piensa en la persona que extrajo este hierro y en las consecuencias de esta acción. Esa dependencia continua, sin nada con lo que negociar, acaba en pobreza y corrupción. Parece que esta última no es un problema exclusivo de aquí, y es que cuando hay dinero y no hay MIRADA… Pues se corre el riesgo de que mueran 900 personas en una costa Italiana y no cambie nada.

Parece que todo esto del hierro nos queda lejos, pero no es así. El acercarse a alguien y conocer las dificultades a las que se enfrenta en su vida, te hace tomar más conciencia de tu propia vida y de lo que haces con ella. Más todavía, cuando descubres las miradas de otras personas te das cuenta que no somos tan “desarrollados” como pensábamos. Si el desarrollo es a costa del bienestar de otras personas no es evolución, no es progreso y desde luego no es comunidad. Y es que cada uno de nosotros, tiene mucho que ver en cómo se vive en esos países. Al menos yo, tengo que aprender muchas cosas de ellos y aplicarlo a mi vida. Escucharles hablar de familia de sencillez rompe todo los esquemas preconcebidos que pudiera tener.

¿Y qué podemos hacer? Pues, en mi humilde opinión, conocer a las personas. Más allá de saber la situación de los países africanos representados en el festival solidario, son las experiencias de vida las que tocan a las personas y las que les hace tomar conciencia. Son las personas las que pueden cambiar el mundo. Y el festival solidario permite esto, acercarte y que tu vida sea tocada por la del otro.

Leí un texto hace tiempo en el que se decía que los cristianos hemos venido para poner corazón un mundo que se ha convertido en mecánico. Siempre me ha parecido una idea perfecta, más todavía, pongamos nosotros OTRA MIRADA en un mundo que parece que la ha perdido.

<strong>Marta Selma</strong>
Marta SelmaGrupo Espiga