Cuántas veces nos hacemos esta pregunta los que estamos disfrutando y viviendo nuestra Fe en un grupo de jóvenes de dominicos. Cuántas veces nos encontramos con la necesidad de dar respuesta al porqué de nuestro ser cristiano y cuántas veces desde nuestro entorno se nos pregunta, si no de manera explícita, si implícitamente pero tú, ¿por qué eres de esos? Y es que ser joven y cristiano parece que no se lleva. No soy de la opinión de que se nos persiga pero ¿qué mayor persecución puede tener un predicador que el trato de indiferencia?  En este escrito voy a dar mis razones, que serán parciales y acotadas en mi persona y que gracias a vuestras aportaciones se verán enriquecidas aunque afortunadamente cada uno de nosotros tendrá su propio porqué, porque he ahí la grandeza de nuestra Fe.

Ser joven cristiano dominico implica muchas características quizás resumidas en una sola, que abarca tanto a un joven como a un no tan joven, a un dominico como a una persona perteneciente a otra orden o movimiento católico:  un cristiano siempre da la vida por los demás. Dar la vida por los demás es una frase que hemos escuchado muchas veces pero que conlleva en sí misma grandes compromisos. Dar la vida por los demás te aleja de los egoísmos propios de nuestra época, te acerca a los demás, te interpela a actuar por el otro, a preocuparte por su felicidad, a mirarle a los ojos y descubrir una persona, un hermano, alguien al que querer.

Si a esto de ser cristiano le añadimos el apellido joven entonces nos encontramos a una persona que ha de ser creativa, emprendedora con un punto atrevido. Y en este instante quiero detenerme. El joven tiene ese atrevimiento que se pierde con el paso de los años, ese atrevimiento que da pasos hacia adelante, que hace plantearse y replantearse esquemas ya impuestos. Ese atrevimiento, fuerza y ganas que, a veces, con el paso del tiempo y de la vida se pierden. El joven ha de impulsar, ha de ser protagonista de los cambios, de la creación de nuevas estructuras y plataformas y para esto ha de estar bien formado. Y añado, finalmente, el segundo apellido a nuestra ecuación joven cristiano y además dominico. El joven seguidor de nuestro Padre Domingo es una persona orante y contemplativa, con una contemplación activa, crítica y analítica con la sociedad que le rodea pero capaz de analizar, proponer e impulsar ideas para cambiar esta sociedad. Ha de ser una persona estudiosa, conocer la realidad desde distintos ángulos, con capacidad de aprendizaje y de escucha. Finalmente ha de vivir  su Fe con los demás, comunitariamente. Pero esta comunidad no puede alejarle de la realidad, al contrario tiene que salir al encuentro del otro, abriendo las puertas (e incluso las ventanas si hiciese falta) a todas las personas, sin discriminaciones. No puede quedarse aislado, no puede caer en hacer tres tiendas en lo alto de la montaña.

Un joven cristiano dominico es una persona comprometida con los demás y con la orden. Quizás es en este punto donde tenemos que revisarnos más profundamente. ¿Por qué ser cristiano joven dominico? Porque hacen falta en este mundo personas abiertas, personas entregadas, otra forma de vivir la Fe, que hacen gala de la diversidad de la Iglesia, que van hasta la periferia, que se preocupan por los desprotegidos, que incluyen y nunca son exclusivos.  Hace falta personas en continua formación que creen en los demás por ser simplemente Hijos de Dios. Los carismas nos permiten acercarnos a Dios y hoy, pasados 800 años de la fundación de la Orden, más que nunca hace falta el carisma de Domingo.

 

<strong>Dioni Yáñez</strong>
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