Actualmente vivimos en un mundo y en una sociedad muy acostumbrada a lo digital, a lo visual, difícil de sorprender, con demasiadas cosas, con demasiados recursos. Una sociedad que echa su vista atrás en el tiempo para encontrar motivos de ilusión, viendo en elementos del pasado anhelos del futuro y ocasiones del presente. Es una sociedad que no estudia demasiado pero sí es tremendamente estudiada. Se encuentra como vigilada, expuesta, poco reservada. Y ante esto nos encontramos a los jóvenes con ganas de cambio, de vivir otra cosa, de experimentar desde lo auténtico, con capacidad de búsqueda pero sin sentido en la búsqueda. Y, en este mundo que nos ha tocado vivir, los predicadores hemos sido elegidos para predicar, para llevar a otros y a otras el mensaje de la Buena Noticia. Un mensaje antiguo, sencillo, comentado y explicado de muchas maneras, vivido y sobrevivido a muchas épocas pero de una actualidad radiante y verdadera.

¿Cómo predicar hoy? Esa es la gran pregunta que nos hacemos muchos. Nuestra intención es, en este escrito, encontrar o esbozar de manera resumida una posible respuesta que estará, como siempre que escribimos, sujeta a la opinión del autor.

Lo primero es vivir aquello que se predica. Uno no puede dar lo que no tiene y lo que no es o no hace suyo. Uno ha de ofrecer aquello que hace mejor a los demás, que los contagia de felicidad sabiendo que él mismo está contagiado, envuelto de dicha felicidad.

Lo segundo es analizar, estudiar y pensar hacia quién va dirigido el mensaje. La Predicación cambiará dependiendo de las personas con las que estemos. Esa adecuación es necesaria e imprescindible si pretendemos entrar en el corazón.

Lo tercero es el con qué. Los recursos actuales están al servicio de la predicación, no se entendería que sigamos utilizando métodos anticuados, que no llegan al otro. Hay que ser creativo e imaginativo y llegar a las periferias, a las fronteras. Y para llegar a esos lugares uno ha de inventar otras formas.

Y por último, nos tenemos que responder por qué, ¿por qué predicamos el Evangelio? ¿Por qué transmitimos la Buena Nueva? Este, quizás, es el paso más sencillo, la respuesta es y resulta muy fácil: Para hacer felices a los demás como felices nos ha hecho la Palabra a nosotros.

Solo déjenme indicarles lo que a mí, con acierto, me advertía un hermano dominico: Para predicar además de lo comentado aquí has de confiar en el Espíritu Santo, Él te dará fuerza, te llenará el corazón, la mente y la imaginación para poder llevar la Palabra a todos los rincones del mundo.

Por último, tenemos que ser valientes, atrevernos a hacer cosas nuevas que cambien el mundo. Tenemos que mirarnos en aquellos que dieron su vida por los demás y llevar nuestra Predicación, al estilo dominicano, sin complejos, sabiendo que está avalada por casi 800 años de historia. Atrevámonos los dominicos, los jóvenes dominicos a dar un vuelco a nuestro mundo a través de nuestro carisma pensando siempre en los más pobres y excluidos.

<b>Dioni Yáñez</b>
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