En este recorrido que estamos haciendo de Adviento, acercándonos a él como un tríptico de figuras, esta segunda semana de espera y esperanza de la Navidad, miramos a Juan el Bautista, figura tan próxima al anuncio, a la espera, a la esperanza de la llegada del Mesías y del Reino de Dios.

                  Segunda Estampa: Juan el Bautista

La llegada definitiva del Reino que veíamos la pasada semana, no se puede separar de dos elementos que representa Juan el Bautista. Uno la espera del Mesías concreto y real de carne y hueso que vivió en la tierra de Palestina hace dos mil años y al que Juan anunciaba, y con él, la venida del Reino de Dios en la tierra.

Y el segundo elemento, el de preparar los caminos para que llegue, allanar los senderos para la llegada del Rey. Desde la perspectiva del Bautista, el Adviento es el nacimiento de Dios en el corazón de cada uno, es rehacer la propia vida, trabajar, tomar conciencia de todo lo que impide que Dios se haga un hueco en nosotros, para allanarlo, rebajarlo, rehacerlo en otra perspectiva. Es reconstruirnos por dentro y con nosotros reconstruir el mundo de tal manera que haya hueco para Dios.

Es pintar las paredes, adecentar nuestra vida para que el Reino se vaya haciendo real ya aquí y ahora en espera del definitivo mundo nuevo. Es hacer un hueco en el corazón y en la vida de cada uno de nosotros para que el Reino que ya está llegando, para que Dios que ya está llegando a la vida de cada uno y a la vida de todos, pueda traernos la plenitud y la vida definitiva y suprema.

Siempre hay que andar allanando los senderos de nuestro corazón para seguir a Jesucristo con mayor radicalidad, responsabilidad y cercanía, con mayor entereza, siempre hay que estar reconstruyéndonos por dentro para hacerle hueco a Dios en nosotros.

Y también siempre, hasta que el tiempo futuro llegue, hay que ir reconstruyendo este mundo para que haya hueco para Dios, para que no domine la injusticia ni el dolor, para frenar todo lo que no deja a Dios nacer en la vida de tantos seres humanos: miseria, hambre, violencia, marginación…

Adviento es pues también pelear porque no tenga la última palabra el dolor en el mundo, es construir día a día la llegada del Reino de Dios, es la espera activa y constructora del mundo y la civilización del amor. También eso es lo que proclamamos en el adviento, todo eso es signo de esperanza y está cuando deseamos una feliz Navidad.

Fray Vicente Niño OP
Fray Vicente Niño OPBaobab y Olivar