El verano ha sido diferente para mí este año, y en este caso no ha sido por el maravilloso Campo de Trabajo en Granada. Participé en uno de los Proyectos de Verano de la Asociación NARTEX realizando otro tipo de voluntariado: estuve haciendo las visitas guiadas de la Catedral de Florencia del 9 de julio al 15 de agosto.

Cuando me dijeron desde la Asociación que debería de hacer una memoria de mi estancia en Florencia pensé que sería algo fácil de realizar, pero cuando empecé a pensar qué escribir en el apartado “Experiencia Personal” me quedé en blanco… Estuve una semana reflexionando y rememorando todo lo ocurrido esas cinco semanas. No es fácil poder plasmar las vivencias, sentimientos, emociones, conversaciones… de esos días pero voy a intentar escribir un resumen y lo que he aprendido.

Es la primera vez que participaba en un Proyecto de esta asociación, y no sabía muy bien a lo que me iba a enfrentar, pese a que nos habían informado muy bien durante el proceso de selección. Iba un poco asustada, a un país desconocido para mí (sí, nunca había ido aún a Italia), sola y con la dificultad del idioma ya que mis compañeras de proyecto ninguna hablaba italiano. Pero cuando llegué al lugar donde nos alojábamos todos esos miedos desaparecieron porque conocí a siete personitas que tenían los mismos sentimientos. Hice muy buenas amigas, son personas estupendas y maravillosas de las que he aprendido muchas cosas. Compartimos tradiciones de nuestros países, juegos, hablamos de los sistemas políticos, de la educación, la sanidad…. Y compartimos cómo vivía cada una la experiencia de Dios. El grupo no estaba formado sólo por chicas ya que también había un chico, mi compañero español Andrés, a quien cuidamos muy bien, igual que él a nosotras.

La experiencia como guía en la Catedral fue muy enriquecedora. Ya había trabajado anteriormente como guía en museos pero nunca había podido explicar una catedral, y mucho menos la Catedral de Florencia. La gente me preguntaba una vez regresé a Valencia si no me cansaba de “repetir todos los días lo mismo”, y la verdad es que no. No es exactamente repetir lo mismo, sino que a cada grupo le transmites la información de una manera e intentas amoldarte a sus inquietudes; cada grupo aportaba unas anécdotas nuevas y nunca me aburría porque siempre tenía que enfrentarme a algo nuevo.

Pero lo que más me gustó es poder hacerlo desde la vertiente cristiana. Cualquier otro guía de una catedral se limita a explicar los datos históricos, las características artísticas y el contexto social del momento; nosotros hacíamos mucho más que eso (al menos en mi caso personal): todas las visitas eran un reto porque intentaba transmitir a la gente por qué me maravilla tanto observar la planta arquitectónica de una catedral, mirar una columna, descubrir personajes nuevos en una cúpula pintada o simplemente dejarme envolver por la paz que transmite la misma arquitectura. Y todo esto a través de mi experiencia personal de la fe. Estoy convencida de que se transmite mucho más si hablas de lo que amas y has experimentado.

Florencia me ha servido también para hacer una reflexión más personal. Tendemos a buscar a Dios en las grandes cosas: en la música, la arquitectura, la pintura, la medicina, la escultura… Las catedrales son grandes construcciones dedicadas a Dios, el lugar donde el fiel va a buscar paz y una conexión especial, donde mucha gente experimenta esa presencia divina. Todos los elementos nos ayudan a ello, desde la distribución de la planta, las imágenes, las cúpulas pintadas, los materiales… Pero se nos escapa lo cotidiano, Dios también está en los pequeños detalles, en el día a día. Dios está en la señora que la primera semana del proyecto me agradeció la labor que hacíamos totalmente desinteresada en la catedral; Dios está en la niña venezolana que me ayudó a llevar los planos de la catedral durante la última visita de un martes; Dios está en el señor que cambió su visión de una catedral después de escuchar un enfoque diferente; Dios está en la familia que te da las gracias por vivir el arte e intentar hacerlo llegar a todo el mundo… Lo que he intentado transmitir es que fueron cinco semanas muy intensas donde se comparten muchas cosas y vuelves siendo una persona diferente, se experimenta un cambio.

Al final del proyecto, en el avión de vuelta a Valencia, coincidí con una pareja joven que había visitado Florencia y no pudieron tener una visita guiada de la catedral; así fue como estuve dos horas de vuelo con un plano extendido en las mesitas del avión explicando la catedral y “solucionando” dudas religiosas, desde mi humilde y pequeña experiencia. Me di cuenta que no se necesitan grandes catedrales para poder transmitir lo que se quiere si se vive desde el corazón, y que no hay nada mejor que convertir tu pasión en proyecto de vida.

<strong>Cristina Expósito</strong>
Cristina ExpósitoEndavant, Olivar y Baobab