Desde luego no puedo sino agradecer todo lo que en esta vida me ha pasado ligado a la Pastoral Juvenil. Diecinueve años dedicado, con mayor o menor acierto, a evangelizar a jóvenes es algo que demuestra aquello de que se recibe muchísimo más de lo que se da; de ahí que eso de ser feliz Anunciando el Evangelio es una verdad como un templo, al menos en mi caso.

En la actualidad no solo por mis lazos a Grupo Espiga y el Movimiento Juvenil Dominicano, sino por mi trabajo: responsable de Pastoral del colegio Santa María Marianistas de Alboraya, sigo descubriendo poco a poco el camino del Evangelio y, que el acompañamiento en la Fe no termina nunca, ni el de los demás, ni el de uno mismo.

Entre tanto curso sobre nuevas metodologías como profe y la necesidad de reinventarnos como docentes, me planteo el cómo afrontar los retos de una nueva era y por tanto, de una nueva evangelización. Ante esto me llama poderosamente la atención el poco caso que se le hace, en muchos movimientos y lugares cercanos a la Pastoral Juvenil, a la interioridad y al poder de transmisión de la Palabra de jóvenes a jóvenes.

¿Dónde buscan los jóvenes, niños y adolescentes, de hoy en día sus modelos a seguir? Desde luego no prioritariamente en Jesucristo, más bien en Telecinco diría. Pues ahí tenemos un problema. La interioridad está tapada por el ruido y, sin interioridad, la búsqueda de la oración parece una quimera.

Por otro lado, si no apostamos por la formación pastoral de los jóvenes y su poder para transmitir la Palabra, los mensajes llegan caducos a los niños, sin aplicación a su entorno. El ejemplo de un joven comprometido, que vive su interioridad y crece en la Fe, tiene un poder infinito de seducción hacia el camino del Evangelio.

Hoy más que nunca necesitamos testigos, de todas las edades, pero sobretodo jóvenes que trasmitan a jóvenes; grupos-comunidades donde la Fe se viva de una manera actual y comprometida, con entusiasmo y trascendencia.

La Pastoral Juvenil no puede limitarse a la pastoral escolar, ni a grupos de pre-comunión y pre-confirmación instruidos por personas mayores, que derrochando esfuerzo, eso es innegable, quedan muy, muy lejos de acercar el mensaje a los más pequeños. La Pastoral Juvenil debe apoyarse en los jóvenes, debe contar con ellos, preocuparse por ellos y ser impulsora de ellos; debe formarlos y acompañarlos. El joven debe descubrir poco a poco una interioridad escondida y transformarla en Espiritualidad: Dominicana, Marianista, Salesiana, o simplemente laica.

Que los Teólogos me disculpen pues a lo mejor no llego a llamarlo todo como toca, lo que sí sé que quiero decir, es que los jóvenes somos responsables, más que nunca, de transmitir el Evangelio a otros jóvenes; y que para ello, debemos estar acompañados en nuestro propio descubrimiento por gente que confíe en nosotros y nos abra puertas. Así se construyen comunidades de Fe comprometidas con los más necesitados, con vida interior de oración comunitaria y con ánimo por compartir la Eucaristía; porque si no… ¿Cuál es el objetivo de la Pastoral Juvenil?

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