Reconozco que siempre he sido muy sensible a la inmigración, todas esas personas que abandonan su casas, sus familias, sus vidas para poder tener un futuro mejor y más digno, porque siendo sinceros, nadie deja atrás todo lo que tiene arriesgándose a morir en el intento si no fuera porque la necesidad es tan extrema que vale la pena el viaje por lo que creen que van a encontrar.

La migración tiene muchas causas, lo podemos ver todos los días en las noticias pero me atrevería a decir que una de las peores es la guerra. No me quiero ni imaginar qué sería de mi si en España estallara una guerra, llamadme cobarde, pero sería la primera en abandonar .

Pues eso es lo que pasa en Siria, es un país que lleva cuatro años en guerra y no hay previsión de que vaya a acabar pronto, ninguna guerra tiene sentido pero ésta es especialmente sin sentido y cruel, una guerra que ninguna potencia mundial tiene interés en parar.

Hace ya muchos meses que las noticias nos informan de lo que pasa en Siria pero quedaba demasiado alejado de nuestra realidad.

Hemos descubierto la crueldad de la guerra, al  ver huir en masa a la gente de su país, con sus hijos a cuestas y con las cosas básicas para sobrevivir…y resulta que vienen a Europa, a nuestro continente acomodado, en crisis, pero con un estado de bienestar que debemos proteger, vienen a nuestra realidad.

Los primeros días cuando nos enteramos de que miles de Sirios buscaban asilo en otros países, todo fue caos, unos ponían vallas en sus fronteras (como si no las fueran a saltar), otros aceptaban refugiados en su países pero regateando, como si Europa fuera un mercadillo y las personas objetos de mala calidad. No se vosotros pero al menos mi indignación fue monumental…¿Dónde está la ONU? ¿Y la Unión Europea con su Nobel de la Paz? ¿¡Pero cómo no van a dar asilo a esas pobres personas, si sólo buscan sobrevivir!? ¿Acaso se les ha olvidado ya la II Guerra Mundial o la Guerra Civil Española?…

Gracias a Dios no fui la única en indignarme, y en ese momento surgieron las voces, las voces de los sin voz, las voces que han removido las conciencias, los que no entienden de fronteras, los que estaban dispuestos a acoger a familias enteras en su casa, en toda Europa han aparecido voces en forma de mantas, pañales y comida sin cerdo, voces que no están  dispuestas a que ningún gobierno juegue con vidas que bastante han sufrido ya.

Pero esto es sólo el principio, no sabemos cuántos refugiados van a venir a España, ni en qué estado, ni cuándo (la burocracia es así de lenta)…pero nuestras voces no se pueden apagar, no sólo basta con acoger refugiados este mes, tenemos que cambiar las conciencias, crear redes de solidaridad, no olvidar que los inmigrantes no sólo vienen de Siria, luchar por una Europa responsable con herramientas para hacer frente a estas situaciones tan desoladoras, pedir que paren las absurdas guerras….queda mucho por hacer, está en nuestras manos un futuro mejor, está en nuestras voces.

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