En el artículo de hoy nos hemos preguntado qué pasa cuando en septiembre ya no va a haber aulas a las que volver, cuando después de casi dos décadas de estudio en una vida de 22 ó 24 años llega el momento de dejar los apuntes (excepto los médicos). Es la hora de la prueba de fuego para todo aquello que hemos aprendido y dejado de aprender. Por eso hemos hecho un blog colaborativo esta semana en el que cuatro miembros del MJD-España, de diferentes ciudades, nos cuentan cómo lo ven. Son Marta Abad, Beatriz Riquelme, Miriam Simón y Miguel Bayod, a quienes podéis ver justo aquí abajo.

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Y estas son las preguntas que les hemos hecho.

1. ¿Por qué elegiste tu carrera? ¿La terminaste por los mismos motivos o por otros? ¿Cuáles?

Beatriz: La elegí porque no tenía muy claro qué quería hacer y en principio me gustaba. La acabo con motivos distintos. He descubierto mi profesión, mi pasión por una carrera que al principio me costó pero que ahora daría lo que fuera por estar rodeada de papeles jurídicos por todas partes. Mi especialidad es el Derecho Penal.

Marta: La verdad es que nunca he tenido vocación como muchos de mis compañeros que querían medicina sí o sí. Bien es cierto que hubo algún que otro momento en que esa ilusión que tenía al principio flaqueó y pensé que esto no era lo mí. Aunque me costó seguir adelante, creo que es la mejor decisión que pude tomar. Siempre he tenido vocación de ayudar a los demás, y creo que cuando alguien está enfermo es una persona realmente vulnerable que entrega lo más importante que tiene (su salud, su vida) a alguien esperando que con su ayuda pueda encontrarse mejor. Y esta es la razón que personalmente me empuja a seguir estudiando día tras día, para que mis conocimientos y mi buen hacer puedan, el día de mañana, ayudar aunque sea a una sola persona a aliviar su dolor, a ser su apoyo cuando más lo necesite. Con eso, ya habrá valido la pena todo este esfuerzo.

Miriam: No empecé por lo mismo por lo que la acabo. Empecé porque quería algo relacionado con salud que no fuera medicina, estudiar no es lo mío y mi nota de selectividad lo reflejaba. He acabado porque adoro mi carrera y salía de las prácticas y notaba que es lo que me hizo feliz. Mi trabajo me hace sonreír y es definitivamente lo que quiero hacer.

Miguel: Aún no tengo muy claro el por qué, pero creo que una de las principales razones que me llevo a estudiar esta carrera es que vengo de una familia de unos cuantos hermanos y la universidad no es barata. Tenía que escoger algo que pudiera estudiar en Oviedo, y siempre me han dicho que las letras eran mi fuerte, así que me matriculé en Lengua española y sus literaturas. La he terminado porque, sin querer sonar prepotente, ni hacer de menos la carrera, la he aprobado con facilidad (casi todo a la primera), y me lo he pasado bien todos los años. Siempre que he tenido oportunidad he conseguido “engañar” a los profesores para que nos dejaran adaptar los trabajos (cambiando exposiciones por hacer obras de teatro, etc…). La he terminado porque, sin querer, me he encontrado en mi carrera con personas que me han hecho crecer mucho, y que me han enganchado, y en cierta medida arrastrado hasta el final. En resumidas cuentas, la he acabado porque me he divertido yendo a clase, porque (con sus más y sus menos) he exprimido la experiencia al máximo.

2. ¿Ves tu elección como una vocación? ¿Por qué sí o por qué no?

Marta: Vocación la veo en mi madre con cada paciente suyo. Yo tengo algo diferente, como una especie de curiosidad e inquietud, esperando a ver qué va a ser de mí. Una vez acabas esta carrera tienes que prepararte durante ocho meses un examen global (MIR) y que según la nota que obtengas puedes especializarte en una cosa u otra, en una ciudad u otra. Sin ese examen y esa formación no te dejan ejercer en España. Así que una vez tenga plaza y ya tenga algo de experiencia en el hospital, te contestaré a esta pregunta.

Miriam: Al principio no, pero ahora definitivamente sé que es mi vocación ser enfermera, ayudar a los demás y estar a su servicio. Esta es la forma en que veo que pudo hacer más por la sociedad y me encanta, noto que es lo mío, que me llama, que es lo que quiere hacer.

Miguel: Vocación, vocación… No creo que sea una vocación lo mío, la verdad. Creo que más bien ha sido la capacidad de crecer y de desarrollar un talento, una inversión en mí mismo y en explorar a fondo puntos fuertes y debilidades que siempre han estado ahí. Creo que si tuviese que hablar de vocación hablaría de actor, o quizás incluso de periodista, pero no de filólogo.

Beatriz: Ahora sí. He descubierto que mi vocación es ser abogada y ejercer como tal.

3. ¿Qué te ilusiona de tu futuro?

Marta: A corto plazo me ilusiona el hecho de retarme académicamente. Nunca he estudiado seis días a la semana, diez horas diarias, durante ocho meses para competir contra el resto de España, pero sobre todo, contra mi misma. A largo plazo, me ilusiona poder independizarme a la vez que sigo aprendiendo y poniendo en práctica todo lo que he aprendido estos años.

Miriam: Toda la gente que voy a conocer. Tengo muchas ganas de tratar a mis pacientes. No quiero que haya muchos enfermos pero me encanta todo lo que aprendes de todas las personas que pasan por el mostrador, por el box de enfermería, de sus familias, y los compañeros de trabajo.

Beatriz: De mi futuro me ilusiona la amplitud de opciones que me da esta carrera. Puedo opositar, hacer el máster de acceso a la abogacía y luego una especialidad.

Miguel: ¿Se puede hablar de futuro sin ilusionarse? La verdad que me ilusiona prácticamente todo lo que tiene que ver con un mañana. Existen infinitas posibilidades, eso creo yo.

4. ¿Qué te asusta de tu futuro?

Beatriz: La incertidumbre de encontrar trabajo. O si me gustará en lo que trabaje. Mi deseo es trabajar con pasión e ilusión y por eso mismo me asusta no poder trabajar en lo que realmente me apasione.

Miguel: Lo que me asusta está en cierta medida ligado a lo que me ilusiona. Hay tantas oportunidades, tantas cosas que hacer, que me da algo de miedo el perderme y no ser capaz de alcanzar mi mejor yo, que creo que debería ser a lo que todos aspiremos, porque a fin de cuentas, desde mi humilde punto de vista, esa es la clave para poder intentar cambiar el mundo.

Marta: Me asusta no elegir bien en el MIR. La especialidad que elija va a marcar, para bien o para mal, el resto de mi vida profesional.

Miriam: Pues quemarme. Que esto deje de gustarme, que vaya al trabajo de mala leche por estar hasta las narices. Veo que pasa con muchos profesionales y me da miedo que me pase a mí. Dejaría de gustarme algo que ahora mismo es a lo que me siento llamada a realizar. Tendría una crisis existencial.

5. Tus estudios, ¿tienen algo que ver, para ti, con la predicación? ¿Cómo?

Miguel: Yo creo que todo, de una forma u otra, tiene que ver con la predicación, depende de la perspectiva desde la que lo mires. En concreto, lo mío, (el cuento, las historias, la poesía…) es algo inherente al ser humano, es una necesidad del hombre y la mujer como tales. Es por eso que yo creo que es una parte muy importante de la interioridad del ser humano. Desde mi punto de vista la literatura es un acceso directo al alma de las personas.

Marta: Leí una vez algo que marcó para siempre y decía algo así como “los aeropuertos ven más besos sinceros que las bodas y los muros de los hospitales han escuchado más oraciones reales que las iglesias”. No se de quién es ni cómo es el texto realmente pero la idea creo que está clara. ¿Cómo se puede dudar de la existencia de Dios al estar presente en el nacimiento de un bebé? Te podría poner mil ejemplos más, pero creo que un parto es el momento más representativo de lo que preguntas. Y el más mágico también.

Miriam: Sí indudablemente, es decir, porque es una predicación con el ejemplo. No voy solo a poner vías, mi intención es que la persona que tengo delante pueda sentirse querida, no como a tu familia, pero en el sentido de que soy una persona y tengo dignidad. Ese defender la dignidad en un hospital es un modo de predicación.

Beatriz: Sí. Con el Derecho se puede hacer justicia. Si eres juez puedes imponer una pena adecuada a las condiciones de cada persona. O puedes dedicarte a asesorar a personas que no tienen medios económicos para contratar a un abogado. Por ejemplo, cuando estuve en el campo de trabajo, en el comedor social del hospital, el día que me iba me dijeron algunas personas que me verían por allí de abogada en unos años. Eso me motivó mucho y me abrió los ojos

6. ¿Dónde o cómo te ves dentro de diez años?

Miriam: Pues en cualquier sitio. Haciendo algo relacionado con enfermería, desde educaciónen salud a asistencia. Pero dónde, no lo sé. Puede que cualquier otra ciudad, un hospital o residencia, o de misiones, que es algo que también me planteo y me encantaría.

Beatriz: Como jueza o como especialista en Penal en un despacho.>

Marta: Dónde no lo sé, pero espero que en Valencia. Con dos o tres niños, un marido maravilloso y un trabajo estable… No es mucho pedir, ¿no? 😉

Miguel: Creo que en los últimos cinco años de mi vida no he dejado de escucharle preguntarme eso a mi madre. La verdad que es un gran misterio, hasta para mí. Me parece muy difícil poder decir un dónde, porque ni siquiera sé dónde estaré en un par de meses… Lo que sí sé es el cómo: divirtiéndome y disfrutando (de lo malo y de lo bueno), probando cosas nuevas, creciendo, porque aun queda mucho por delante, y ganas de ello no faltan.