Hay momentos en la vida que te marcan, que marcan un antes y un después, que dan fortaleza a esos valores que ya sabías que tenías pero que, a veces, se te olvidan o eres incapaz de seguir por mucho que quieras. Así como existen esos momentos, también existen lugares; de vivencias, de buscar y encontrarte, o de perderte ganando.

He tenido la suerte de poder venir a este País, a Alemania, de saber un poco más a cerca de él, de su historia, su cultura y tradiciones.

Considero que viajar es una de las mejores formas de abrir tu mente, de explorar, de comprender a otras personas, de empatizar…

Hace ya un tiempo que estuve en Berlín. Yo siempre fui una de esas personas que no tenían mucho interés por la Historia, solía aburrirme, no me llamaba la atención.
Claro que todo cambió justo en esa ciudad, una ciudad que rebosa historia por donde la mires, en la que es imposible no acabar empapado de ella.

Acabé comprendiendo el objetivo de la Historia, de que sea recopilada, estudiada y la necesidad de recordarla. Es un camino común, en el que se juntan las historias de cada persona, su sufrimiento, lo que salió bien y lo que salió mal, las decisiones que se tomaron, las ideas revolucionarias… Todas ellas se usan para aprender de nuestro pasado, para mirar la piedra y decidir si quieres o no tropezar con ella, si quieres cogerla y construir un muro o, si por el contrario, prefieres usarla para crear un puente que conecte personas, vidas, nuevas historias.
Para hallar la verdad.

Creo que no podría explicar con palabras lo agradecida que estoy con todas las personas que me han ayudado aquí, y desde España, a crecer y a enriquecerme de vida y de conocimiento.

Y así como yo he crecido, mi Fe también ha crecido conmigo.

No hay que esnalar para llegar alto, sino para llegar a todos los rincones y ayudar a otros a que esnalen contigo.

 

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