No quiero pararme a pensar, sólo quiero escribir aquello que siento, lo que mi corazón me transmite, las ilusiones y las mariposas en el estómago de una enamorada… sí, esto es lo que siento desde que conocí la Orden de los Dominicos.

Seguro que a lo largo de nuestras vidas, por diferentes situaciones, nos hemos encontrado en constantes luces y sombras, momentos que pueden ser como el rayo de sol que aparece en primavera o la tormenta más fuerte que te cala hasta las huesos en el invierno… pero es que después de cada tormenta vuelve a brillar el sol y cada uno sabe que ese sol puede llegar a través de una sonrisa, de una mano amiga, de un abrazo, de una canción oportuna y porque no, a través de la fe.

En mi caso, la mano tendida, los abrazos fuertes… esos que duran incómodamente pero que se convierten en adictivos, la canción oportuna, las risas inesperadas y sobre todo la reconciliación con mi fe, se debe a esta gran familia. He aprendido que se puede predicar desde lo positivo, que la vida no es blanco y negro sino que el arcoíris es inmenso, que se puede orar desde la palabra pero también sin ella, que las acciones dicen más que las intenciones, que buscar y preguntarse es una opción, que equivocarse está dentro de lo normal y que decir que soy CREYENTE no es significado de rara porque se respeta a todos como somos y no como quieren que seamos.

Soy de la generación de los avances, las tecnologías, de perder el cara a cara, de tener que seguir unas modas, de los “paso de todo”, y no nos metamos en hablar de fe o decir Jesús, porque eso no va con nosotros… así nos describen a la juventud, pero no se habla de los que predican otro ejemplo, de los que quieren cambiar esa visión, porque existe algo más, y el Movimiento Juvenil Dominicano revindica eso, que existen jóvenes con ganas de luchar, de trabajar, de hablar de su fe sin miedo, de ayudar al prójimo, de buscar las sonrisas perdidas de la persona de al lado, de ofrecer amistad, hablar en positivo, de ilusionar, acompañar, de predicar y decir en mayúsculas que somos CREYENTES, no sólo de Jesús, sino de su mensaje, de las personas, de la verdad, la libertad, de la luz y de seguir siempre avanzando, mirando hacia adelante, sin perder de vista lo aprendido.

Puede que mis palabras suenen muy extremistas, pero pienso que tenemos que seguir arriesgando, que no nos podemos esconder, que nos pregunten aquellos que quieran saber ¿qué es ser dominico/a? ¿Cómo lo vivimos día a día?… Y la verdad a mí sólo me sale contestar que ser dominico/a es CORAZÓN y que vivirlo día a día es transmitirlo con cada latido, en pensamiento, conversación u oración.

Por eso declaro desde aquí… ¡Qué bonito es estar enamorada! Y que bendita es esta locura, que aunque vengan nubarrones sé que se superaran, que no tendré que caminar sola porque tengo una familia que me acompaña y porque el camino se aprende caminando pero con manos, para que tras los tropiezos nos volvamos a levantar.

 

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