Hola  todos, soy Javier y hoy voy a contaros mi experiencia acerca de cómo entré en el grupo del Olivar.

Corría el año 2012 cuando llegué a Madrid a comienzos de septiembre en tren de Fuengirola, lugar donde vivía con mis padres, venía vivir con mis tíos con la esperanza de un futuro nuevo y próspero en la carrera de enfermería que iba a comenzar en la universidad complutense.

Mi familia siempre había tenido mucha relación con la parroquia del Cristo del Olivar ya que además de que era la parroquia favorita de mi abuela en el barrio, también mi madre en su época universitaria y cuando era joven perteneció al grupo de jóvenes que había en esa época, de cerca de 100 miembros sólo en el Olivar dirigidos por el padre Mariano Palacios. Así pues, y aunque no conocía a nadie empecé a ir sólo a misa a este lugar.

Con el paso del tiempo fui conociendo de vista a algunos de los asistentes a la misa a la que acudía, ya que por aquel entonces el número no era muy elevado. Entonces, se dio el caso de que un día cogí la línea 3 del metro de Madrid y se dio el caso de que a mi lado se sentó otro joven que me resultaba familiar, le pregunté si él iba también a la misma misa que yo, a lo cual respondió que sí, dijo llamarse Borja y que en la parroquia también había un grupo de jóvenes que se reunía todos los miércoles a las 9 de la noche y al cual me invitaba a ir por si era de mi gusto unirme.

Se dio el caso de que marché a visitar a mis padres y no pude acudir a la reunión, pero pasadas un par de semanas se me ocurrió acercarme, llegué y vi a un montón de personas que no conocía, entre los cuales por cierto, no estaba ese día Borja; pero igualmente me  mostraron su hospitalidad y me invitaron a sentarme con ellos en una reunión que organizó aquel que hacía llamarse José Alberto y que versó sobre la crisis económica y sus orígenes. Me explicaron en qué consistía el grupo y me dijeron que si me había gustado podía volver en cualquier otra ocasión para unirme como miembro activo.

Decidí comenzar asistir habitualmente, fui conociendo poco a poco a los distintos miembros, vi como las reuniones no eran sólo de economía, sino que trataban también de formación teológica o realizar oraciones, entre otros; y me fui acostumbrando además de que disfrutaba de acudir allí al menos un día a la semana a experimentar la fe en comunidad.

Así es como empecé a ir al grupo del Olivar que se convirtió en una parte de mi vida, y de la cual estoy orgulloso.

Una cordial despedida,

<b>Javier Álvarez</b>
Javier ÁlvarezOlivar