Hace unas semanas empecé a oír hablar en mi círculo cercano acerca de una ONG dedicada al rescate en el mar. Todos sabemos, o somos más o menos conscientes, de la situación actual de la migración de personas a nuestro país; pero, ¿sabemos de dónde vienen ellos y ellas? ¿sabemos sus historias?

Podemos hablar de la historia de Caleb. Hace unos meses llegaron a Motril (Granada) 55 personas que, amontonadas en una barca de plástico, aguantaron 10 horas en el agua. Caleb estaba allí. Cruzó el mar porque, como él mismo confiesa; “cuando estaba en Marruecos, mi sueño era poder llegar a Madrid”. También podemos conocer la historia de Aliou, hijo de refugiados guineanos en Costa de Marfil. Salió de su país hace unos años, pero no logró alcanzar Tarifa hasta el pasado 29 de junio, después de cruzar el mar. Intentó saltar la valla de Melilla en 10 ocasiones, todas ellas frustradas y marcadas en su cuerpo, lleno de cicatrices. Pero mucho antes, caminó en el desierto durante más de un mes, tras ser “saqueado y torturado”, dice, por grupos rebeldes que actúan en la zona. “Por el camino muchos murieron o no pudieron continuar porque estaban exhaustos, éramos unas 60 personas y solo lo logramos 40, pero todos queríamos escapar de la muerte”. Escapar de la muerte. Sólo quieren eso.

La inmensa mayoría de inmigrantes huyen de la violencia, la pobreza y el cambio climático de sus lugares de origen. Sólo quieren un futuro mejor para ellos y sus familias. Dignidad. Una vida. ¿Acaso se les ha de prohibir sus propios derechos? La respuesta nace sola. No. Evidentemente no. Ahí es donde nacen las ONGs dedicadas a esto, tanto al rescate en el mar como, una vez en tierra, proveerles de atención social y acogida. Algunos ejemplos son Open Arms, SOS Racismo, Cesal… Se me hace muy difícil concebir que puedan haber opiniones que no vean estos hechos. Que se escuden en argumentos del tipo “sólo vienen a España a robar”, “los inmigrantes abusan del Estado del Bienestar”, “nos quitarán nuestros empleos y bajarán nuestros sueldos, perjudicando a los más pobres”…

Lo que hay que conseguir es que esta mentalidad se reduzca a los mínimos, que desaparezca. El problema viene cuando no ven el problema (y el problema se queda cuando lo niegan). Estudio Derecho y ADE, y sé que haciendo lo que hago estoy cada día un poquito más cerca de convertirme en alguien capaz de conseguir por completo este cambio. Está en mi mano, está en nuestras manos hacer un mundo mejor, en donde la base tiene que ser la justicia y aceptación hacia los demás. Muchas normas ya lo recogen, como el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen iguales en dignidad”. Ninguna política puede estar por encima de las personas. El rechazo sólo crea barreras. Justicia sin misericordia es crueldad. – Santo Tomás de Aquino.

Frima-Carlota-esnalar