Creo que a nadie le pasó desapercibida la foto, las pasadas semanas, del abrazo entre un Musulmán, un Judío y un Cristiano. Todo un símbolo de Dios que debería ser una invitación para la paz. Muchos pusisteis la foto en twiter, facebook, o la enviasteis vía whatsApp. También hubo quien compartió, por los mismos medios, el vídeo que recogió el momento; quien suscribe, fue uno de ellos.

Este abrazo, desde mi punto de vita, indica fe en el diálogo mutuo que es de la única forma en la que pueda haber paz en la tierra. Luchar por la paz es destruir, de alguna manera, la espiral del mal; y los tres que se abrazaron en el muro de las Lamentaciones quieren conseguir ese objetivo. La lucha por la paz consiste en ayudar al otro a rehabilitarse y que actúe de manera diferente en el futuro; la lucha por la paz, consiste en un esfuerzo por superar el mal con el bien, porque se trata de un gesto cuyo fin es que cambie cualitativamente las relaciones entre las personas, países, religiones. La lucha por la paz, en definitiva, se trata de buscar y plantear la convivencia futura de manera nueva, pacífica. Por eso, la imagen de este abrazo nos muestra que la lucha por la paz no ha de ser una exigencia individual, sino tiene que ser una repercusión en la sociedad.

Crear paz es necesario para convivir de una manera sana; se tiene que hacer presente en la amistad y el amor, donde hay que saber actuar ante humillaciones, engaños y posibles infidelidades. Por tanto, la paz la tenemos que hacer presente en no pocas situaciones de la vida en las que tenemos que reaccionar ante agresiones, injusticias y abusos; porque si no la hacemos presente, puede que quedemos heridos para siempre corriendo el riesgo de sepultarla con la losa más pesada: el odio.

El hecho de este histórico abrazo nos debería llevar a restablecer el objetivo judío de una paz futura abierta a toda la tierra, pero sin absolutizar ningún grupo humano. Nos debería ayudara recuperar la idea del Islám de obediencia a Dios y de paz universal, pero sin que esa idea se convierta en imposición social, sino como un ofrecimiento de libertad. Este abrazo nos debe mover para recuperar la afirmación del cristianismo que “la palabra de Dios acampó entre nosotros”, sabiendo que todo ser humano es presencia-palabra de Dios.

La imagen del rabino judío Abraham Skorka, del líder religioso musulmán Ombar Abboud y del papa Francisco abrazados, estoy seguro de que nos ha hecho reflexionar, y esa reflexión es la que nos ha movido a compartirla en las redes sociales. Pero no nos quedemos ahí, reaccionemos y trabajemos sinceramente por una paz verdadera. Sin desalentarnos ante los obstáculos y buscando siempre el bien común, ya que en nuestras manos, sí, en las tuyas y en las mías, está reconstruir la convivencia.

<strong>Fray Ángel Fariña</strong>
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