La llegada de pateras a las Islas Canarias no cesa y va en aumento. Al menos 17.000 personas inmigrantes alcanzaron el archipiélago en 2020, esto supone un 1.020% más que en el mismo periodo de 2019.

Así, miles de personas, tras jugarse la vida en peligrosos y largos trayectos, en busca de un lugar “seguro”, permanecen en condiciones indignas a la espera de saber qué ocurrirá con su futuro.

Pero, ¿Qué ocurre con ellos?

Cuando los inmigrantes llegan a España, la ley establece que hay un plazo máximo de 72 horas para realizar la reseña policial. Además, en el Centro de Acogida Temporal de inmigrantes, la Cruz Roja proporciona una primera asistencia humanitaria y, con motivo de la pandemia, se les realiza una PCR.

En el caso de Gran Canaria, Salvamento Marítimo se encargó en 2020 de conducir a los migrantes rescatados en el mar al muelle de Arguineguín, donde se levantó un campamento de emergencia provisional con capacidad para 400 personas. No obstante, en los últimos meses del pasado año llegó a hacinar a más de dos millares.

Sin embargo, toda llegada irregular implica la apertura de un expediente de expulsión del país que concluye con la repatriación de esa persona si no expresa su voluntad de reclamar protección internacional y solicitar asilo.

En el caso de que la reclame, mientras se resuelve esa solicitud de asilo, el inmigrante no puede ser expulsado y tiene la posibilidad de acceder a plazas de acogida, cuya gestión depende del Ministerio de Inclusión y Migraciones.

En el caso de no admitir a trámite esa solicitud o denegarse la protección, se tramita el expediente sancionador en el que se propone la expulsión. Mientras se tramita ese expediente, el inmigrante ingresa en un Centro de Internamiento para Extranjeros, los denominados CIE, donde el plazo máximo de estancia es de 60 días, aunque las ONG denuncian que muchas veces el tiempo de estancia es superior al legal.

Ante la llegada masiva de personas a diferentes puntos de la geografía española durante los meses de pandemia, con un especial énfasis en las Islas Canarias, el Gobierno comenzó a emplear hoteles y establecimientos turísticos vacíos, cerrados o afectados por un ERTE para alojar a miles de inmigrantes ante la falta de infraestructura humana.

Pero… ante esta situación injusta en la que se están vulnerando los derechos humanos, ¿Cómo vamos a reaccionar?

Nosotros como creyentes, ¿Qué debemos hacer?, ¿Mirar a otro lado?

¿No creéis que nuestra gran misión aquí es acoger?

«¿Por qué hay gente que se cambia de país? ¿Qué la empuja a desarraigarse y dejar todo lo que ha conocido por algo desconocido más allá del horizonte? ¿Por qué de repente se atreve a entrar en una jungla foránea donde todo es nuevo, extraño y complicado? La respuesta es la misma en todo el mundo: la gente se cambia de país con la esperanza de encontrar una vida mejor» (“Vida de Pi” (2001), Yann Martel).